Los asesinatos de Atocha – 41 años de una infamia cobarde

24 de enero. Un año más recordando e intentando mantener vivo aquel sentimiento de solidaridad que unió miles de corazones por un hecho abominable y cobarde. La matanza de los abogados de Atocha. Y van ya 41 años. Porque el tiempo no se para pero tampoco consigue que el olvido devore el sentir de todo un país aquellos fatídicos días entre el 23 y el 26 de enero de 1977. Arturo Ruiz, Marilú Nájera, Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides, Miguel Sarabia, Serafín Holgado, Alejandro Ruiz-Huerta, Ángel Rodríguez, Dolores González, Luis Ramos, Javier Sauquillo. Las dos primeras, víctimas de la ultraderecha cuando se encontraban en manifestaciones, de los otros nueve, cinco asesinados y cuatro gravemente heridos en el despacho de abogados laboralistas de
CCOO en la calle Atocha, número 55.

ATOCHA
No pretendo volver a hacer una crónica de lo que ocurrió. Creo que todas y todos tenemos claro cuáles fueron los hechos de la noche del 24 de enero de 1977.

 
Mi intención va más allá del mero recuerdo y merecido homenaje a aquellas personas que con sus vidas pagaron querer defender la Justicia social y la Libertad. En esta ocasión me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre si realmente supimos en aquellos momentos valorar y reaccionar en consecuencia.

 
Todos sabemos que durante el entierro de los nueve asesinados en Atocha, el comportamiento de los asistentes fue ejemplar, que la organización y seguridad corrieron a cargo del aún no legalizado PCE. Un PCE que poco después saldría de la clandestinidad y podía por fin abiertamente entrar en el panorama político. No fue hasta febrero del 77, tras la aprobación de la Ley de Reforma Política que los partidos, hasta ahora exiliados, como PSOE, PCE o PNV, pudieron solicitar la legalización y de esa forma dejar de operar en la clandestinidad.

 
Se daban todas las circunstancias para poder emprender un camino democrático y liberador en el panorama político español. La esperanza de que este país pudiese convertirse en un estado libre, respetando los derechos de la ciudadanía, estaba cada vez más cerca.

 
Los asesinatos de la calle Atocha y la posterior reacción de la gente hacían creer que la impunidad tocaba a su fin, que finalmente tantos años de crímenes sin castigo encontrarían su justa respuesta. Rápidamente los autores materiales del crimen fueron detenidos, enjuiciados y condenados. Aunque también hubo irregularidades que provocaron la fuga de uno de ellos durante un permiso carcelario otorgado por el juez a cargo del caso.

 
Era el momento idóneo para, por fin, pedir responsabilidades a tantos crímenes cometidos durante la dictadura y también durante la transición. Una vez legalizados los partidos tenían el suficiente apoyo y la legalidad para exigir esas responsabilidades, hacer Justicia y que nada ni nadie que había tenido parte en la barbarie cometida entre los años 1936 y 1975, quedase impune.

 
España quería convertirse en un país democrático, aceptado por la comunidad internacional. Era el momento de demostrar, no ya solo al resto del mundo, sino sobre todo a nosotros mismos que éramos merecedores de esa democracia. Pero algo se torció por el camino. Una vez legalizados los partidos, las reuniones a puerta cerrada fueron minando la posibilidad de que basáramos nuestra Democracia sobre la verdad y el reconocimiento de los crímenes cometidos, la condena del franquismo y la redención de las víctimas, injustamente señaladas como criminales y traidores.

 
Se perdió la oportunidad de limpiar las heridas, permitiendo que se mantuviesen abiertas hasta nuestros días, supurando dolor y decepción. Pero también se propició que, hasta nuestros días, el poder absolutista del franquismo perdure y siga guiando la política actual.

 
Tras aquellas puertas cerradas, los recién llegados al panorama político y la vieja guardia del fascismo pactaban cada uno su parcela de poder, olvidando tanta sangre inocente derramada que clamaba justicia. No fue una buena base para la convivencia. Partidos históricamente de izquierdas y perseguidos durante la dictadura, sindicatos que  solamente habían podido operar desde la clandestinidad, ambos con miles de asesinados en sus filas, ahora pactaban acuerdos con los asesinos en vez de exigir su condena. Repito, algo falló por el camino.

 
Tal era así, que precisamente actos como los cometidos en la noche del 24 de enero del 77 en la calle Atocha, demostraban que no se había depurado el mal de entre nosotros. Querían seguir imponiendo un régimen absolutista y asesino, dónde no tenía cabida la defensa de los derechos laborales ni sociales.

 
Y para asegurarse que esto siguiera siendo así, es decir, que nada ni nadie pudiese reclamar la condena de los asesinos, se aprobó en octubre de 1977 la infame Ley de Amnistía, en la cual se garantizaba la impunidad para los verdugos fascistas “nam omne aeternum”.

 
Y no solamente la impunidad, sino también la garantía que pudiesen seguir en el poder, maquillando su apariencia, pero en el fondo, tan fascistas como siempre. Nuestro panorama político de hoy en día es la consecuencia de aquella traición perpetrada por quienes pasearon la confianza de mucha gente por los enfangados suelos de los despachos en el cual se fueron vendiendo, uno a uno.

 
Por ese motivo nunca debemos dejar de recordar las muertes de Enrique, Luis Javier, Francisco Javier, Serafín y Ángel. Porque mientras seamos fieles a su memoria, la esperanza seguirá viva. Se perpetró la traición, pero no consiguieron matar las ansias de Justicia. Las generaciones descendientes de los represaliados seguimos al pie del cañón. Porque la verdad solo tiene un camino: el de la memoria recuperada y la reparación.

 
41 años desde la infamia de los asesinatos, pero también 41 años desde la infamia de la traición a la memoria de las víctimas del franquismo.

 
Porque al igual que los asesinados de Atocha, los que fueron masacrados en la dictadura, los recordaremos siempre como quienes entregaron su vida por creer en un mundo justo e igualitario. O como muy acertadamente digo Paul Eluard: “Si el eco de su voz se debilita, pereceremos”. Nosotros seguiremos siendo su voz. Siempre.

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Autora: Ani García Pérez

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Los antifascistas españoles en los campos de concentración han de ser recordados

Según la ONU, el 27 de enero se celebra el Día Internacional en memoria de las Víctimas del Holocausto. Esta fecha hace referencia al 27 de enero de 1945, cuando se llevó a cabo la liberación por parte de las tropas soviéticas del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau (Polonia). A su vez, la UNESCO, declara que este día ha de ser un “tributo a la memoria de las víctimas del Holocausto y ratifica su compromiso en la lucha contra el antisemitismo, el racismo y toda forma de intolerancia que pueda conducir a actos violentos contra grupos humanos determinados”.
Si bien el noventa por ciento de las víctimas del Holocausto fueron judíos, los campos también fueron ocupados por prisioneros de guerra y personas que por su sexualidad o raza estaban lejos del ideal ario.

Entre esos prisioneros de guerra se encontraban cerca de 10.000 republicanos españoles. Hombres, mujeres y niños que, tras perder la guerra en 1939, protagonizaron un gran éxodo en la frontera norte de la Península. Una gran masa humana que comenzó en 1936 a huir de sus ciudades a medida que las tropas de Franco las tomaban; y que terminaron, en su gran mayoría, refugiándose en Cataluña o Valencia hasta el final de la guerra. Se estima que fueron unas 465.000 personas las que cruzaron la frontera con Francia. La gran mayoría permanecería en los distintos campos de refugiados de Francia o del norte de África; otros fueron acogidos en México, Chile o República Dominicana; mientras que un último grupo (excombatientes y población civil) fue repatriado a España.

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Sin embargo, con la ocupación alemana de una parte importante del territorio francés en 1940, la situación de los campos de refugiados españoles cambió. El Gobierno de Vichy, capitaneado por el colaboracionista Philippe Pétain, les obligó a prestar servicios militares o industriales. Así, muchos españoles se enrolaron en el Regimiento en Marcha de Voluntarios Extranjeros (RMVE) para luchar contra los fascistas. Otros, que se habían unido a la Resistencia francesa, fueron capturados por la policía francesa y la Gestapo alemana. Hay que destacar que los españoles que fueron capturados por el Gobierno Francés o por el Reich alemán, fueron puestos a disposición del caudillo Francisco Franco para su posible repatriación a España. El dictador no hizo sino declarar que esos republicanos que habían sido capturados no eran españoles sino apátridas, por lo que fueron trasladados a los campos de exterminio marcados con un triángulo azul (de apátridas) sobre el que se encontraba una “S” de Spanier (españoles).

Carnet de la FNDRIP de Antonio Terres.

Los españoles que acabaron en los campos de concentración gestionados por las SS nazi al comienzo de la Segunda Guerra Mundial eran llamados “Rotspanienkämpfer” (combatientes de la España Roja). La mayoría acabó en el campo de Mauthausen-Gusen (Austria), donde eran obligados a trabajar en una cantera cercana en condiciones penosas. También hubo españoles en Buchenwald, Dachau y Sachsenhausen (Alemania). Las republicanas españolas (cerca de un centenar) estaban en el campo de mujeres de Ravensbrück (Alemania).

Mapa campos de concentración

Puesto que el grueso de los republicanos fueron trasladados a los campos de concentración nazis al comienzo de la IIGM, los que lograron sobrevivir pasaron cerca de cinco años allí hacinados. No fue hasta el 5 de mayo de 1945 que se liberó el último campo, el de Mauthausen, donde más españoles había.

Según los estudios realizados hasta el momento, fueron 9.398 los españoles deportados, y 5.874 los que allí perdieron la vida. Mientras que Francia y Alemania homenajean todos los años a los republicanos que lucharon contra Hitler y perecieron o sufrieron torturas en los campos, ¿por qué en el Estado Español parece un hecho olvidado, negado y silenciado? ¿Acaso aquellos españoles rojos siguen siendo apátridas a ojos del Estado?
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que inauguró el pasado noviembre la exposición “Auschwitz. No hace mucho, no muy lejos”, y declaró el día en memoria de las Víctimas del Holocausto que su “compromiso con la memoria de las víctimas es total”. Pero olvidó mencionar a los más de 500 ciudadanos madrileños que fueron también víctimas del Holocausto. Podría parecer un olvido “puntual” si no fuese porque coincide, además, con la negación de la presidenta de la Asamblea de Madrid, Paloma Adrados (también del PP) a la propuesta de la ARMH para leer el día 27 de enero el nombre de los vecinos y vecinas de Madrid que sufrieron los horrores de los campos. La presidenta argumentaba su decisión declarando que la lectura de los nombres de las víctimas madrileñas obligaría también a “la lectura de los nombres de los millones de víctimas que padecieron en los campos de exterminio, lo cual resulta imposible”.
¿Una decisión de partido? No cabe duda de que para el Partido Popular rendir homenaje a los republicanos, de Madrid o de cualquier otra ciudad del Estado, supone asumir y declarar muchas cosas. En primer lugar, supone asumir la verdadera responsabilidad de Francisco Franco sobre aquéllas vidas dejadas en manos de las SS. En segundo lugar, exige el reconocimiento de todos aquellos que fueron torturados y asesinados por luchar contra el fascismo. En tercer lugar, conlleva la reparación de la memoria de quienes fueron obligados a exiliarse de su país y terminaron siendo juzgados como criminales políticos y apátridas. Para poder realizar estas tres cosas, el Partido Popular, a nivel estatal, debería de reconocer que el “levantamiento militar” del 1936 fue un golpe de Estado contra una República legítima; que el Régimen de Franco fue una dictadura fascista y que todas sus víctimas han de recibir ese reconocimiento, anulando las sentencias emitidas por los tribunales franquistas que hoy día están amnistiadas (que no anuladas). Pero, ¿cómo va a hacer todo esto un partido que mantiene a Francisco Franco entre honores en el Valle de Cuelgamuros? ¿Cómo va a hacer esto un partido que sólo abraza la causa memorialista para mantener los nombres de los golpistas en las calles, colegios y libros de historia?

Por suerte para todos los defensores de la Memoria Histórica, este mes han aparecido varias noticias que contrastan con el discurso del silencio del PP de Madrid y la desmemoria del Gobierno. El 24 de enero, el Parlamento de Galicia aprobaba el reconocimiento de las casi 10.000 víctimas españolas en los campos de concentración nazis, declarando la responsabilidad de Francisco Franco para su deportación. Además, durante el mes de febrero, la ARMH gallega realizará diversas exposiciones y actos alrededor de los deportados gallegos. Por otro lado, el Ayuntamiento de Madrid, aprobó el 26 de enero, la instalación de un monumento a los republicanos madrileños que fueron deportados. De igual forma, el Ayuntamiento de Guadalajara aceptó el compromiso para reconocer y homenajear a los doce guadalajareños deportados a Mauthausen.

La pancarta que coronaba la entrada del campo de Mauthausen a su liberación, donde estuvieron cerca de 7.000 españoles, decía “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”. Aquellos españoles, y los que estaban en los demás campos, que pasaron cerca de cinco años olvidados por su país y sometidos a humillaciones y violencia, han de ser recordados como los héroes antifascistas que fueron: aquéllos que lucharon contra Franco, aquéllos que lucharon contra Hitler y Mussolini; los que liberaron París, los que defendieron los valores republicanos.

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Autora: Saray Almazán

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Los mundo fantásticos de Celia

Cuando en los largometrajes o en series de televisión leemos el anuncio de “todo parecido con la realidad es pura coincidencia” sabemos que se refieren a que el argumento, personajes y hechos son pura ficción. Pues precisamente esta frase es la que a partir de ahora le podemos aplicar a los políticos del PP. Y si no a todas o todos, con toda seguridad si es aplicable a Celia Villalobos.

La ya ex vicepresidenta del Congreso de los Diputados y que ahora ocupa una de las más alejadas gradas de la bancada azul (¿será por eso que no se entera de nada?), no para de soltar tales incongruencias y desatinos que no estamos ya muy seguros si “todo parecido con la realidad es pura coincidencia”.

Lo último lo ha soltado en una entrevista en Desayunos de TVE, asegurando que la edad de jubilación debería incluso llegar a los 80 años y que a ella no le importaría jubilarse a esa edad.

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¿La crueldad no tienen límites con las víctimas del franquismo?

A lo largo de mi vida siempre he intentado que el respeto hacia mis congéneres sea una de mis premisas. En aras de la buena convivencia y sobre todo, por mi salud mental. Y no exagero, porque intentar respetar las ideas de los demás, aunque no las comparta y siempre y cuando estas no sirvan para pisotear, humillar, dañar o esclavizar a nadie, te evita llegar al punto de odiar. He procurado siempre convivir en paz y eso, con respeto.

Pero hay momentos en los que, por mucho esfuerzo que haga, no puedo evitar que la sangre se me ponga en pie. Porque todos tenemos un límite y ese límite últimamente lo están sobrepasando en muchas ocasiones.

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De todos es sabido que en los últimos años, y más aún desde que la Recuperación de la Memoria Histórica, de la Dignidad de los asesinados por el franquismo a lo largo de casi 40 años, está dando un paso al frente, perdiendo lo miedos a denunciar y reclamar Justicia, los defensores de aquella barbarie, de los que la justifican y también aquellos que prefieren mirar hacia otro lado, no queriendo que se les moleste, están cada vez más subidos. En un principio hubo amenazas veladas, advertencias a las asociaciones de no seguir por ese camino. Pero poco a poco ha ido surgiendo un verdadero entramado, empezando por los representantes políticos de derechas y por desgracia también de los que se denominan de izquierdas, pasando por las fuerzas policiales y finalmente llegando hasta el poder judicial a través de los jueces y de la fiscalía general del estado, para entorpecer y frenar tanto a las asociaciones como a las familias que a nivel particular siguen con las investigaciones y denuncias. Incluso Felipe VI en sus discursos de Navidad habla ya de “dejar atrás viejos rencores y no abrir viejas heridas”.

La red de impunidad tejida en estos últimos años alrededor del enaltecimiento del franquismo, los ataques vandálicos a monumentos en memoria de los asesinados republicanos e incluso declaraciones hechas por personajes públicos, sean políticos, periodistas o personajillos ávidos de notoriedad, ha ido creciendo de forma cada vez más descarada desde que los hilos del poder están en manos de la más rancia derecha, podrida, corrompida y viciada. Protegen a gente sin escrúpulos, a los que no les importa herir en lo más hondo los sentimientos de las familias de las víctimas.

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Un claro ejemplo lo hemos tenido en esto días por las redes sociales, concretamente en Facebook. Un tal “Ángel Andrés” publicaba una imagen de una fosa abierta, los cuerpos mezclados y en posturas realmente escalofriantes y dónde se podían percibir claramente los orificios de los disparos en los cráneos. Todo esto lo acompañaba con el despreciable comentario. “Ya me llegó mi puzzle 3D republicano que pedí a los Reyes Magos…” y lo acompaña con tres caritas de emoticonos que se parten de la risa.

Tras ver esto, del primer sentimiento de asco, dolor físico, de profunda tristeza y estar a punto de perder la fe en el ser humano, pasas a tener que contener la rabia y las ganas de gritar. Y dejar que el odio te gane la partida. Ese odio que siempre he conseguido controlar. Pero no. Y justo me acuerdo de unas palabras que me ha dicho hoy mismo una persona: “Pues claro que se me revuelven las tripas. Pero no voy a cometer el error de dejar de pensar con la cabeza y empezar a hacerlo con el hígado por este tipo de miserables comentarios. Nuestra tarea es tan noble como necesaria y, por eso, tenemos y debemos actuar desde la sensatez, la inteligencia y la dignidad. Esas son nuestras armas junto a la paciencia. La miseria para otros.”

Eso es lo que nos diferencia a los que solo buscamos Justicia de quienes se comportan como alimañas dominadas por el odio y la sinrazón. De quienes siguen apostando por la violencia, la crueldad, la barbarie y el terror. Nuestras metas no son destruir, sino aliviar dolor. No son aplastar, sino devolver la esperanza.

Aclarado esto, haremos un pequeño repaso para que quede constancia de como la impunidad de la que gozan este tipo de personas les permite cometer este tipo de delitos sin que la Justicia les pida cuentas.

Hemos asistido en no pocas ocasiones a declaraciones hechas por políticos, acusando a las familias de querer lucrarse económicamente de la búsqueda de fosas y de los cuerpos de los asesinados. Ejemplo: Rafael Hernando.

Los periódicos nos muestran con demasiada frecuencia los actos vandálicos cometidos en monumentos dedicados a la memoria de los republicanos asesinados. Incluidas amenazas de que “aún hay sitio para más”.

En las redes sociales y a través de whatsapp se profieren claras amenazas, incluso de muerte, a representantes políticos que defienden la Recuperación de la Memoria Histórica.

Enjuiciamientos y condenas a cantantes, tuiteros, raperos acusados de enaltecimiento del terrorismo, coartando la libertad de expresión y de ideología.

Desestimaciones de querellas y denuncias por crímenes cometidos durante la guerra, la posguerra y en el tardofranquismo por crímenes de lesa humanidad.

Incumplimiento repetido y descarado de la Lay de Memoria Histórica, entorpeciendo la localización de fosas, permitiendo el enaltecimiento del franquismo, impidiendo la retirada de vestigios de la dictadura, tanto en monumentos (que si se mantienen con dinero público) como en distintivos franquistas en edificios y calles que recuerdan y honran a los más despiadados asesinos.

Financiación de organizaciones que apoyen, defienden y justifican el franquismo, mientras la partida de Ley de Memoria Histórica lleva a cero desde hace años.

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Sanciones a ayuntamientos por mostrar la bandera republicana mientras se permite de forma impune exhibir la rojigualda con el águila, el yugo y las flechas en manifestaciones, plazas de toros y demás demostraciones de un nacionalismo trasnochado y caduco. La tricolor está recogida en la constitución de la República de 1931, por lo tanto es preconstitucional pero no ilegal. Según la ley de banderas, no es ilegal exhibir banderas preconstitucionales mientras no se haga en actos oficiales. Pero es paradójico comprobar cómo se multa por exhibir la tricolor pero en cambio se permite exhibir la del aguilucho en ayuntamientos claramente fascistas gobernados por el PP. Sirva como ejemplo la felicitación de navidad del ayuntamiento de Alella por Facebook, felicitando a “todos los españoles de bien” con el escudo, el aguilucho y que no falte lo de “UNA, GRANDE Y LIBRE”. O el madrileño pueblo de Moraleja de En medio, cuyo alcalde exhibe la bandera de Franco en el balcón del ayuntamiento.

Podríamos así seguir durante varios folios más, pero lo que queremos demostrar con esto es que la impunidad de la que gozan los fascistas en este país es cada vez más descarada. No se cortan un pelo en exhibirse y menos aún se cortan las autoridades en protegerlos. Y esto se está volviendo ya claramente peligroso.

Si a los memorialistas se nos acusa de querer abrir viejas heridas, de ir siempre con la guerra del abuelo y con nuestros muertos a cuestas y de querer revivir viejos rencores, no es por otro motivo que evitar que la realidad, la verdad salga a la luz. Y es que por desgracia la mayoría de la gente piensa en el franquismo como algo que sucedió hace 80 años, que los muertos fueron los que cayeron en la guerra en batallas y que una vez terminada la guerra, se acabó. No pueden estar más equivocados. La terminación de la Guerra Civil no puso fin a la represión, sino que facilitó una más eficaz sistematización de ella. (Stanley G. Payne).

 Si ya en los 3 años que duró la contienda, los ajusticiamientos, los asesinatos y las desapariciones forzosas fueron lo que marcaron esos negros acontecimientos, tras la victoria del golpe militar, el régimen fascista siguió con la barbarie, ensañándose con los vencidos de tal forma que la totalidad de los asesinados superaban con creces la cifra de 500.000. Cifra aproximada, ya que mientras las víctimas producidas por el bando republicano fueron y están bien identificadas, los asesinados por las huestes fascistas nunca fueron totalmente documentados, de forma que solamente se puede hablar de aproximaciones y casi siempre basándose en declaraciones de familiares y el escaso acceso que se tiene a los archivos militares franquistas. Consecuencia de esto es que aún hay más de 114.000 personas desaparecidas en las más de 2.000 fosas repartidas por toda la geografía nacional.

Los que consiguieron escapar de este horror asesino huyeron cruzando la frontera, de forma que otras casi 500.000 personas tuvieron que abandonar casas, familia, entorno para poder salvar la vida. Pero no todos tuvieron suerte, de forma que un número muy elevado terminó en campos de concentración franceses o alemanes, muchos de ellos perdiendo también la vida, abandonados por el régimen que provocó su desplazamiento.

Pero la represión no consistió únicamente en asesinar, sino que además fue una represión administrativa, educativa, religiosa, lingüística, económica, laboral, política y cultural. Había que vivir según unos cánones establecidos por un régimen totalitario, represor, machista, racista y xenófobo. Había aquellos “españoles de bien”, que se comportaban adecuadamente y acorde a estas normas marcadas, tanto por ese gobierno como por un nacional catolicismo exacerbado, sin piedad y condenatorio. Y luego estaban esos “otros”, capaces de pensar por sí mismos, que cuestionaban esas reglas clasistas y los poderes establecidos y que había combatir a cualquier precio: “Hay que sembrar el terror. Hay que dejar sensación de dominio, eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensan como nosotros” (General Emilio Mola, julio 1936). “Salvaré España del marxismo, cuesto lo que cueste. No dudaría en matar a media España, si tal fuera el precio a pagar para pacificarla.” (General Francisco Franco, julio 1936). “Hay que borrar del diccionario las palabras perdón y amnistía.” (General Gonzalo Queipo de Llano, agosto 1936)

De esta forma y a lo largo de 39 años, los abusos, primero militares y posteriormente, policiales, han hecho desaparecer, torturado, encarcelado injustamente a miles de personas, hombres, mujeres y niños, los cuales incluso han tenido que seguir conviviendo con sus torturadores, sin posibilidad alguna de conseguir que se haga Justicia. Al menos, no aquí en España.

Con la muerte del dictador se abre un atisbo de esperanza. Pero duró poco. El largo brazo del franquismo, saliendo aún de su privilegiada tumba en el Valle de los Caídos, seguía dirigiendo os destinos de todo un país  de sus habitantes. Traición a los que lucharon por la Libertad. Engaño y ocultamiento de la historia y de los hechos ocurridos. Imposición de un rey, heredero de las normas del Movimiento Nacional. Ley de Amnistía. Reconciliación pactada. Impunidad para los asesinos. Punto Final.

Años después, demasiados, empieza a haber algo de esperanza. Se crea la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, promoviendo la localización y apertura de las fosas para poder recuperar los cuerpos. Se aprueba la Ley de Memoria Histórica, dando así ese matiz legal que tan necesario es para poder llegar a esclarecer los hechos.  La esperanza va tomando forma. Hasta la llegada del PP al gobierno. De un plumazo se eliminan presupuestos, avances, denuncias y querellas. Y por el contrario se permiten insultos, vejaciones y ataques a quienes solamente reclaman Justicia, de forma impune y con toda la mala leche. Y es que el franquismo y su represión nos están alcanzando hasta los días de hoy. No es una exageración, es la constatación de un hecho.

Porque viendo la ofensiva y dañina publicación de este desalmado Ángel Andrés, la esperanza de que algún día la población en general, aunque no comparta nuestras ideas, al menos respete y entienda nuestros sentimientos, va decreciendo. Sobre todo viendo que se les permite sin que tengan que responder por tales barbaridades. Están amparados por “nuestra Justicia”, protegidos por un gobierno heredero del franquismo y con el beneplácito y la complicidad del rey.

El franquismo desde un primer momento se preocupó en dar reconocimiento a sus muertos. Fueron identificados y sus cuerpos exhumados para darles digna sepultura. Por el contrario, las víctimas del franquismo fueron ignoradas, vejadas y denigradas. Olvidadas y silenciadas en las fosas. Y cada vez que se consigue abrir una de esas fosas e identificar aunque sea solamente uno de los cuerpos presente, la victoria es de todas las familias de represaliados.

Por eso he decidido, que aunque intensamente cruel, esta publicación no conseguirá hacer crecer el odio hacia quienes se lo están ganando por mérito propio. Nuestra bondad, nuestra resistencia y nuestras ganas de Justicia serán las armas que vencerán sobre su falta de humanidad.

Y puede que este artículo sea solamente uno más de esos que evocan “una vez más” todo lo ocurrido, que resulte un discurso ya manido y repetitivo. Pero aun así creo que es necesario. Y será necesario repetirlo una y otra vez, para que no se olvide. Para que las conciencias no se duerman. Porque si un pueblo olvida su historia, no comprende el presente ni puede labrarse un futuro. Un presente que está marcado, impregnado de unos hechos horrendos y que no nos dejará tener un futuro justo y libre de fantasmas hasta que no se admita la verdad, se pida perdón y entonces sí, entonces se empezarán a cerrar las heridas que aún permanecen abiertas, por mucho que se empeñen algunos en decir que ya estaban cerradas. No lo están. Mientras siga habiendo fosas cerradas, habrá heridas abiertas. Mientras siga habiendo torturadores en libertad y los torturados ni puedan conciliar el sueño, habrá heridas abiertas. Mientras haya “niños robados” buscando a sus familias, habrá heridas abiertas. ¿No sería mejor cerrarlas, pero de verdad?

VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN

Autora: Ani García Pérez

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Archivada la primera querella admitida para juzgar los crímenes del franquismo en España: Elgueta, Guipuzcoa.

El pasado 12 de diciembre nos levantábamos con una noticia esperanzadora. El Juzgado de Instrucción número 4 de Bergara, Guipúzcoa,  había decidido investigar como genocidio y crímenes de lesa humanidad la querella presentada por el Ayuntamiento del municipio de Elgueta.

Para ello, el Ayuntamiento había aportado el testimonio de 14 personas, así como, abundante documentación de los crímenes y la violación sistemática de los DD HH ( desde las incautaciones hasta la muerte de dos vecinos en Mathausen) que habían sido cometidos en la localidad desde 1936 hasta 1977.

A pesar de que, en un principio, la jueza, Maider Imaz, no había aceptado la querella por “un fallo subsanable”, sí que veía que las pruebas aportadas eran suficientes para abrir diligencias. El primer paso se iba a dar este 17 de enero con la declaración de cinco testigos.

Todas las esperanzas depositadas en la primera querella contra los crímenes del franquismo interpuesta en el Estado español han quedado en nada. El juez titular del juzgado de Bergara, Hugo Jacobo Calzon Mahia, la ha archivado abduciendo las mismas razones de siempre: prescripción de delito, ley de Amnistía, …

Homenaje en el monolito a las víctimas del franquismo. Plaza de Elgueta. Córonicas a pie de fosa- WordPress

¿ Qué hace que un juez decida abrir una investigación porque ve indicios de un delito amparándose en unas leyes que otro juez ignora? Esta sería la pregunta del millón.

La impunidad de los crímenes del franquismo es una política de Estado que ha sido legitimada durante muchos años por el poder político, legislativo y judicial de este país. Esta impunidad se ve reflejada y amparada por dos leyes fundamentales que son: la archimanida,  ley de Amnistía; y la de prescripción de delito, que instantáneamente anulan cualquier tramite.

Sin embargo, el poder judicial se ampara en un marco jurídico que no cumple con los estándares internacionales con respecto a los DD HH, y, lo que es más grave, con el compromiso que en su día adquirió firmando dicho tratado. Tal es así que diferentes organismos internacionales han manifestado sus quejas al Estado español en múltiples ocasiones ( cuatro entre 2014 y 2015) sin que este se de por aludido.

Monumento conmemorativo a los combatientes en la defensa delos Itxortias. Aranzadi.eus

Tanto le han tocado las narices al Estado español que en febrero de 2012 el Tribunal Supremo lanza una sentencia, la de Principio de Legalidad; que ratifica,  por encima de cualquier derecho, estas dos leyes; y todas las que les venga en gana.

El problema principal que acarrean las víctimas del franquismo, y contra el que hay que luchar, es que en España el franquismo es legal: las sentencias no se han anulado, las leyes no se han revocado… El jefe del Estado es el heredero directo de esa dictadura.

Esa España fascista que se levanta demócrata una mañana gracias a nuestra modélica Transición, ha mantenido soterrado ese sentimiento de régimen dictatorial. Tras la muerte de Franco nada fue cambiado ni alterado. Nadie se movió o fue movido de su sitio. Nada se rompió. Nada se ha roto.

 

Ese franquismo escondido, encubierto, es sensible a cualquier movimiento que pueda descomponerlo. En el momento que alguien o algo lo hace vibrar un poquito, salta como un resorte, utilizando cualquier medio despreciable para que no se altere su estado natural. Para ello cuentan con un poso social bien arraigado, bien instruido, con ideas tatuadas en sus débiles cerebros basadas en toda su imaginería: ¡Nación, Patria y Rey!, que lanzan como carne de cañón a servir a sus intereses.

 

La impunidad y la desmemoria han hecho de este país lo que es un Estado de no derecho.

Impunidad y desmemoria, ¡qué buen tandem para mantener un país de esclavos de la Patria!

 

Hablando de desmemoria. ¿ Hay un plan preciso, sopesado y firmado para que todos terminemos muriendo y, así, se termine el problema? Eso parece.

Esto podría ser fácilmente demostrable con respecto a la manipulación de los hechos históricos. Se han inventado un cuento de hadas que ha sido vociferado por los medios de comunicación, de ayer y de hoy, y al que le están dando otra vuelta de tuerca para asombro de muchos de nosotros. Están convirtiendo a los ciudadanos de este país en una manada de borregos sumisos que se creen un discurso único y que no son capaces ni de plantearse la más mínima duda que les haga contrastar esa información.

Como muestra un botón. ¿ Habrá algún tipo de polémica en el momento en el que la nietísima reclame su derecho al ducado de Franco, ese que le fue concedido a la hijísima por el emérito?

Recreación de la Batalla de los Intxortas en Elgueta. Crónicas a pie de fosa-WordPress 1

En este sentido tengo que destacar la gran labor que están realizando historiadores, investigadores, periodistas, asociaciones, colectivos,…en la que gracias a su esfuerzo, con muchas trabas y amenazas, financiándolo todo de su propio bolsillo, son capaces de traernos la verdad y la dignidad.

Siguiendo con el tema que nos ocupa. En la actualidad hay once casos que no han sido archivados automáticamente relacionados con los crímenes del franquismo. ¡Donde no llega el Estado hay jueces!. En este caso juezas, todas mujeres. Para ellas si existen indicios suficientes para abrir una investigación. Se ha aportado una documentación clara y precisa relacionada con patrones sistemáticos de actuación como: la ejecución de civiles por causas políticas; los modos de actuación de los asesinos, de dónde procedían las órdenes, cómo se daban,….Lo cual es esperanzador.

También debemos agradecer el impulso que ha supuesto la querella argentina, no solo desde el punto de vista de las víctimas, sino desde el punto de vista internacional donde ha calado el mensaje de esa impunidad de la que gozan los poderes en este país.

Aunque nos parezca mentira, (todo está silenciado) esto va haciendo mella. Poco a poco va erosionando esa política de impunidad que caracteriza al Estado español, en cualquiera de sus formas y colores, a esa política de desmemoria; de silencio y de olvido.

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Por lo tanto:

¡Hay que seguir adelante!

Hay que seguir denunciando el genocidio y los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura franquista.

Hay que seguir denunciando cualquier tipo de falta de libertad, de justicia o de dignidad que se opongan a la Carta Internacional de los DD HH.

Hay que seguir investigando y difundiendo esa verdad manipulada y silenciada. Así, de una vez por todas, podremos construir un país donde exista una democracia real.

¡ Verdad, justicia y reparación!

Salud y República

Autora: Nanny García Gómez

 

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80 años del rey emérito.

El 5 de enero, el rey emérito, Juan Carlos I, cumplió 80 años. Lo mismo que muchos ciudadanos y muchas ciudadanas de este país. ¿Lo mismo? Ni por asomo. Porque 80 años de vida dan para mucho, bueno y malo. Cada uno que haga balance de su vida. Pero la vida del emérito y sus decisiones nos han afectado y nos siguen afectando a todo un país, a las generaciones que lo vivieron, pero también las futuras generaciones tendrán que vivir bajo las consecuencias de esas decisiones.
Cuando el pasado junio se celebró el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas en España tras la muerte del dictador Franco, su majestad emérita se enfadó porque no fue invitado al acto. Pues para resarcirle de tal imperdonable afrenta, según él, el 6 de enero y para celebrar la Pascua Militar (hecho que se remonta a 1782 e instaurado por el rey Carlos III), su hijo, Felipe VI, decide que en esta ocasión esté presente con motivo de homenajearle por su 80 cumpleaños.

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Muchos han sido los discursos pronunciados en ese acto, desde el propio Felipe VI, pasando por la ministra de defensa, Mª Dolores de Cospedal. No es mi intención entrar en valorar lo que a lo militar se refiere. Eso da contenido para otro artículo. Más bien quiero hacer una parada en las palabras del hijo al padre: “Felicidades majestad y gracias también por tantos años de servicio leal a España, por tu ejemplo vistiendo con honor el uniforme y siempre velando por la excelencia y el compromiso de nuestras Fuerzas Armadas con nuestra democracia, nuestra libertad y nuestra seguridad”.
Seguramente que habrá mucha gente en este país que estén de acuerdo con estas palabras. Pero ¿realmente la lealtad de Juan Carlos I ha sido para con España, los españoles y las españolas? ¿O quizás esa lealtad ha ido más bien encaminada en mantener sus propio estatus y el de su familia? Creció siempre rodeado de privilegios a los cuales difícilmente querría renunciar.
Siempre se nos ha vendido la figura de Juan Carlos I como la persona clave para una “transición pacífica” de la dictadura hacia la Democracia. El impulsor de una nueva era. Pero es imposible olvidar la imagen de un Juan Carlos joven, que el 22 de julio de 1969 en las Cortes, a la pregunta de: “¿Juráis lealtad a su Excelencia el Jefe del Estado y fidelidad a los principios del Movimiento Nacional?” respondía con un claro y contundente “Si, juro”. Juan Carlos quedaba nombrado por el mismísimo Franco sucesor en la Jefatura de Estado. Impuesto, asegurándose que seguiría mandando, aún desde la tumba. Y quedaban de esa forma sentadas las bases para el continuismo de la política franquista. Pero seamos magnánimos. En ese momento era la única forma de que no lo echaran a la calle. Había que asegurarse el futuro. Comprensible.

El Rey Juan Carlos celebra sus 80 años con una comida familiar multitudinaria
Pasan aún 6 años hasta que muere el dictador y llega el momento clave. Juan Carlos será nombrado rey. 22 de noviembre de 1975. Una gran expectativa entre quienes confían que realmente habrá cambios importantes, que Juan Carlos dará un paso al frente y dejará claro que el franquismo ha muerto con Franco y que España tendrá la oportunidad que se merece. Una oportunidad para la Justicia, para la Verdad, la Libertad, la Igualdad y los Derechos Humanos. Para todo aquello que durante 40 años había sido pisoteado, castigado y negado a millones de españolas y españoles.
Pero nuevamente la bofetada en la cara de los esperanzados resuena mucho más allá de los muros de las Cortes, dónde Juan Carlos hace el siguiente juramento: “Juro por Dios y los Santos Evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informan el Movimiento Nacional”.
No conforme con esa primera estocada a las esperanzas de todo un país, su discurso hace clara referencia de su admiración hacia el dictador muerto: “Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del estado.”
Y desde luego no pudo estar más acertado. Perfectamente se entienden “las claves de nuestra vida política contemporánea”. Bajo el falso manto de la mal llamada “transición democrática” no hizo otra cosa que permitir la continuidad de una política absolutista y represora. Junto con los cómplices traidores (léase PSOE, PCE y demás agentes sociales), pieza clave para que se pudiese perpetrar tal barbaridad. Lavado de cara de militares represores, políticos y ministros franquistas, permitiéndoles seguir manejando la vida política, económica, social y jurídica de este país.
Cuando tuvo oportunidad de dar un giro de 180 grados, devolver el poder que le fue arrebatado al pueblo aquel fatídico 18 de julio de 1936, prefirió asegurarse su propio futuro y el de su familia. Pesaba más en la balanza esa única familia que los millones de ciudadanos que esperaban ansiosamente que restableciera la legalidad y con ella la República que tan vilmente fue aniquilada por su “admirado y querido dictador”.
Dice el refrán que muerto el perro se acabó la rabia. Pero en este caso, el perro tuvo una camada de cachorros bien formados que han seguido mordiendo con esa rabia hasta conseguir que aún hoy en día, 42 años después, la política represora, clasista, neoliberal y corrupta siga marcando el destino de este país.
Y para que no faltase detalle, el “campechano emérito” no desaprovechó sus 39 años de reinado para seguir engañando a “sus súbditos”. Sería muy pesado volver a repasar todas las faenas del emérito, bien conocidas por todos y todas. Las suyas y las de su prole. Finalmente mostraron su verdadera cara y quedó bien claro que han seguido comportándose de forma egoísta y absolutista. Viviendo de dinero público, sin escatimar en lujos y privilegios, aún en tiempos en los que miles de familias pierden viviendas, trabajo e incluso lo más básico para subsistir. Cuando la pobreza energética ha costado incluso la vida de muchas personas. Cuando la pobreza infantil ha llegado a alcanzar hasta un 40% de la población de menores. Cuando los recortes en política social han provocado que el umbral de la pobreza y la exclusión en España haya alcanzado casi al 30% de la población.

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Con este currículo, esos honores en la Pascua Militar, más bien sobraban. Porque ni su lealtad, ni su actos han sido nunca en favor de los ciudadanos y ciudadanas de este país. De España, quizás sí. Esa España que le fue legada y regalada por un asesino. Esa España que quiere seguir manteniendo las diferencias clasistas, que piensa que deben seguir existiendo ciudadanos de primera, segunda e incluso, tercera clase. Que permite la exhibición de banderas franquistas de forma impune, mientras multa y encarcela a cualquiera que se atreva a opinar sobre ello. Que justifica el insulto y las amenazas a representantes políticos de izquierdas pero condena por hacer un chiste sobre Carrero Blanco. Esa España, sí. A esa, lealtad absoluta.
Que siga Usted cumpliendo muchos años más, Majestad emérita, aunque sea solamente para ver si su conciencia despierta o si seguirá tan dormida como hasta su 80 cumpleaños.

Autora: Ani García Pérez

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Españoles, Carmen Franco ha muerto. ¿Hablamos de su herencia?

Pues sí, con esta noticia nos hemos levantado esta mañana: María del Carmen Ramona Felipa de la Cruz Franco Polo, la supuesta hija del dictador (hija de Ramón Franco, hermano menor de Francisco Franco), ha muerto a los 91 años de un cáncer terminal. Según su circulo familiar más cercano, su enfermedad se ha debido a los continuos ataques que ha sufrido en estos últimos años contra ella y su difunto padre, muy relacionados últimamente con todo lo relativo al Pazo de Meirás.

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Sin embargo, en la mayoría de los artículos que se han publicado hoy lamentando la muerte de la hijísima, no se habla de otra cosa que de su patrimonio, de la jugosísima herencia, de sí habrá o no disputas entre sus herederos… De todo esto tendremos noticias en los próximos meses que sin duda será el trending topic primaveral, y que conociendo lo que le gusta un cotilleo a este país, del verano y del otoño próximo. Todo ello sin la más mínima crítica a lo que son y a lo que representan, por supuesto.

El muerto al hoyo y el vivo al bollo, pensarán sus herederos que tras el duelo relámpago que van a sufrir ante la pérdida de la hijísima, ya estarán frotándose las manos. Es Vox Populi que la familia del dictador no es precisamente el ejemplo de familia que el abuelísimo hubiera querido tener pero es lo que ocurre cuando te pasas 37 años en el poder sin que te puedan toser; más los 41 años que han estado viviendo de las rentas y de la impunidad que les ha otorgado una herencia recibida de tal calibre.

Y es que este país tan democrático presenta tantas anomalías…, tan difíciles de entender para alguien con dos dedos de frente, que superan la ficción.

En todos los países donde ha habido regímenes dictatoriales una vez que ha llegado la democracia; todas la leyes promulgadas, todos los crímenes cometidos y todo el patrimonio perteneciente al dictador; han sido derogadas, enjuiciadas y devueltas al pueblo, respectivamente. Algo que aquí está bastante lejos de ocurrir.

Debemos recordar que la jugosa herencia que van a recibir los herederos de la familia Franco, unos 600.000.000( ese será el mínimo) ha sido amasada gracias a:

• Un golpe de Estado contra un Gobierno legítimo, elegido en las urnas por el pueblo.
• Tres años de una guerra mal llamada civil, donde participaron las potencias fascistas a modo de ensayo para una guerra mundial
• Un régimen dictatorial cimentado con la sangre de 150.000 asesinatos y 500.000 exiliados
• 37 años de represión, miedo y dolor de todo un país
• Un heredero directo, impuesto, al que nadie ha votado
• Una Transición democrática “modélica” basada en el borrón y cuenta nueva
• Una democracia anómala de impunidad y de privilegios: con 100.000 asesinados en cunetas; con miles de víctimas de torturas, de asesinatos y de violaciones reiteradas de los DD HH; sin justicia, sin verdad, sin reparación
• Un país regido por leyes fascistas, firmadas por el dictador, en plena vigencia; donde se crean nuevas leyes, aun más restrictivas como la ley Mordaza, y se pasan por alto otras como la Ley de Memoria Histórica
• Un mausoleo dedicado al dictador, donde se le rinde pleitesía

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La fortuna de los Franco es el resultado directo del expolio voraz y despiadado al que fue sometido el bando perdedor. No debemos olvidar que los regalos recibidos por la familia Franco proceden de todos aquellos que han pretendido tener el favor del dictador y, más adelante, el de la hijísima y sus descendientes. Todos aquellos que amorrados al poder, a los privilegios y a la impunidad, han permanecido todos estos años gobernando los destinos de este país.

No seré yo quien arroje la primera piedra en favor de esa verdad por la que los hijos no debemos cargar con los errores de nuestros padres. En el caso de Carmen Franco no ha habido ni el más mínimo atisbo de arrepentimiento por los crímenes cometidos por su padre. Al revés, tanto ella como el resto de la familia han alabado el papel del dictador en defensa de su patria, y de cuyo papel han vivido sin pegar un palo al agua.

Lo justo, lo decente, sería que en estos momentos sus herederos renunciasen a toda esa herencia y que fuese devuelta al pueblo de donde nunca tuvo que salir. Sin embargo, somos conscientes de que esto no va a ocurrir, ni por parte de la familia Franco, ni por parte de ninguna institución, juzgado o representante político de este nuestro país.

Lo único que podemos esperar, y, sinceramente, y ya me podéis perdonar, es que teniendo en cuenta el tipo de personajes que son, vividores de cabeza hueca, terminen dilapidando la fortuna que tan celosamente ha protegido la hijísima. Así terminaríamos de una vez por todas con esta ralea.

¡Ojalá me equivoque!

Autora : Nanny García Gómez

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