Nos dejó Josefina Samper, una luchadora por encima de toda.

Josefina Samper Rojas nace en 1927 en un pueblo de Almería, pero las precariedad económica de su familia les obligó a emigrar a Orán, dónde llegó con 4 años. Desde la temprana edad de 12 años ya militaba en las Juventudes Socialistas Unificadas y es en esa época dónde ve llegar a los refugiados políticos republicanos que huían de la España fascista. A los 14 se afilió al Partido Comunista de España. Muy pronto despertó en ella el sentimiento de la lucha de clases. Y tuvo muy claro al lado de quién quería estar.

Dentro de su militancia, participaba en la distribución de la publicación clandestina “España Popular”. Su ingenio la llevó a crear un grupo con los niños del barrio, que eran los que daban el aviso de la llegada de la policía buscando a los republicanos escondidos, paseando por las calles haciendo ruido con latas como si estuviesen tocando tambores. Era la señal para esconderse en lo más profundo.

Debido a la pobreza en la que vivían muchas familias emigradas, creo una especie de cooperativa que fabricaba zapatillas para ayudar a la economía del hogar. Josefina conseguía la rafia para su fabricación y los beneficios eran repartidos en función del trabajo realizado. Ella, al tener que abastecer el material, era la que menos podía sacar adelante y por consiguiente, la que menos beneficio obtenía, pero eso nunca le importó.

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Y a partir de ahí, y sin descanso, su lucha por los derechos de la clase trabajadora ha sido imparable. Su arrojo le llevó en plena dictadura, en 1965, a crear el Movimiento Democrático de Mujeres (por muchos considerado la raíz del movimiento feminista moderno en España) y que en aquella época centraba todos sus esfuerzos y actividades en la ayuda a los presos políticos y la mejora de sus condiciones de vida en las cárceles. No olvidemos que aunque la Guerra Civil había terminado en 1939, el franquismo “premiaba” la oposición política con penas de cárcel, torturas y aún con ejecuciones.

La camarada Josefina siempre fue un ejemplo de lucha y de resistencia para quienes entraban en su círculo de amistades o se acercaban a ella para pedir ayuda. Su fortaleza era la que sacaba adelante a muchas mujeres a las puertas de las cárceles en días de visita. “Aquí de llantos nada. Aquí sólo cantos. Y haciendo palmas.” Estas eran sus palabras para quienes se acercaban a la cárcel para visitar a sus maridos. Y es que para ella lo que importaba era transmitirles ánimos y tranquilidad con respecto a los que estaban fuera y no aportarles más quebraderos de cabeza. Porque la lucha para ella no era solamente contra los que oprimían, sino también en mantener el ánimo de quienes se vieron privados de libertad para mantener viva la lucha.

De esta forma llegó a encabezar una huelga para conseguir las tan necesarias mejoras en las cárceles y las condiciones de comunicación con los presos.

Como muchas mujeres en este país, su lucha pasó casi desapercibida durante muchos años. Y es que hoy, día en el que nos ha dejado y dando un repaso por la prensa nacional, todos los titulares anunciaban “Fallece Josefina Samper, mujer de Marcelino Camacho, el histórico sindicalista de CCOO.”

Pero Josefina Samper fue más que la “mujer de…” Su vida así lo demuestra. Es verdad que casó con Marcelino Camacho en 1948, 4 años después de conocerse en Orán, cuando le acogieron, fugado de un campo de concentración junto a otros dos presos.  Es verdad que la militancia de Marcelino, las entradas y salidas de éste de la cárcel marcaron su vida. Pero no es menos verdad que Josefina mantuvo su propia lucha, por desgracia, siempre a la sombra de tan famoso personaje. Mucho antes de que él entrase en su vida, ella ya tenía muy claro por dónde iban los caminos que marcarían su trayectoria. Al igual que tenía muy claro que no se casaría con ningún hombre que no compartiese sus ideas.

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Una vez más, la historia eclipsa a una gran mujer a la sombra de un hombre. Lo mismo se repite entre los que se consideran de “izquierdas” al igual que entre las clases más conservadoras. Pero había que preguntarse si Marcelino Camacho hubiese sido el mismo gran sindicalista, luchador y republicano si no hubiese tenido a su lado a una mujer como Josefina. Siempre luchando a su lado, siempre sin reclamar protagonismo, compartiendo su destino, soportando sus largas estancias en prisión, viviendo la incertidumbre si solamente estaría preso o si algún día recibiría la noticia de su muerte “en circunstancias no muy claras”. Y siempre manteniendo viva su memoria desde que falleció en 2010. Siempre él, nunca ella.

Motivo suficiente para reivindicar desde aquí la memoria de Josefina Samper, luchadora, comunista, inteligente, coherente, histórica sindicalista y defensora de los derechos de los trabajadores desde que tuvo un mínimo de uso de razón hasta su muerte a los 90 años en Madrid, el 13 de enero de 2018. Si, compañera de Marcelino Camacho, pero ante todo, ella.

Compañera, que la tierra te sea leve. Seguirás siendo un  ejemplo de lucha,  honestidad y coherencia en vivir tu vida acorde a tus ideas.

(Pasajes de su vida extraídos de MUNDO OBRERO “Entrevista a Josefina Samper” – Publicado en el Nº 231 de la edición impresa de diciembre 2010)

Autora: Ani García Pérez

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