Gerda Taro. La fotoreportera de la Guerra Civil

“Cuando piensas en toda esa gente que conocimos y ha muerto en esa ofensiva [Guerra Civil española], tienes el sentimiento de que estar vivo es algo desleal”
(Gerda Taro, unos días antes de morir)

Estas quizás son las últimas palabras recogidas de la que durante mucho tiempo fue conocida por ser la compañera del mítico fotógrafo Robert Capa. Sin embargo, aquella pequeña rubia, independiente (libre de cuerpo y de mente); valiente, decidida, con ganas de vivir; se convirtió en la primera mujer fotorreportera de guerra de la historia.

 

Sobre Gerda se ha escrito mucho y su persona sigue levantando pasiones 80 años después de su muerte.
Y es el caso que hoy nos ocupa, la aparición a través de las redes sociales de una fotografía que pretende ser la última de esta extraordinaria mujer.

gerda taro

 
La fotografía corresponde a un joven médico húngaro, John Kiszely, que fue miembro de las Brigadas Internacionales en compañía de una joven paciente y que ha sido difundida por su hijo. Rápidamente, los internautas españoles han encendido la red con muestras de agradecimiento y de cariño por aquellos que un día dejaron sus hogares, sus países, y vinieron a luchar con nosotros contra el fascismo. Sin embargo, todo se ha precipitado cuando alguien ha sugerido que esa joven paciente podría ser Taro.
Contrastando la información de la que disponemos (que es abundante), con la información que ha proporcionado el propio Kiszley( hijo), es bastante improbable que sea ella.

 

Gerda Taro, cuyo verdadero nombre era Gerda Pohorylle, nació en Alemania en 1910. Judía de origen polaco se educa en ambientes obreros y socialistas muy influenciada por sus padres. Con el ascenso de Hitler en Alemania, perseguida por sus ideas comunistas, huye a París donde se refugia. Allí conocerá al fotógrafo André Friedman que le enseñará todo los secretos de la fotografía, comenzando una relación sentimental y profesional.

 

En 1936 Gerda y André se trasladan a cubrir la Guerra Civil española bajo los nombres de Gerda Taro (en honor de Greta Garbo) y Robert Capa (en honor de Frank Capra y Robert Taylor). Debido a las dificultades para vender sus trabajos habían cambiado sus identidades haciéndose pasar por una pareja de reporteros norteamericanos, combinando sus nombres con los más famosos personajes del Hollywood de la época.
Durante los primeros meses de guerra estuvieron publicando para prestigiosos medios internacionales (Regards, Vu, LIFE), cubriendo diferentes escenarios, juntos o por separado: Madrid, Barcelona, Córdoba, Guadalajara… A finales del 36, mientras Capa filmaba con una cámara, Taro hacía fotografías. Todo iba firmado con el nombre de Capa, lo cual hizo que Robert adquiriera gran fama como corresponsal de guerra.
Esta situación cambia en 1937 cuando Gerda empieza a desligarse de él y a vender sus propias fotografías. Aquella chica independiente, valiente, audaz y decidida se acercaba a primera línea para captar la terrible realidad poniendo en riesgo su vida. Rápidamente sus fotos, mucho más crudas y duras que las de Capa, captan el interés de revistas como Ce Soir e incluso Regards.
De fuertes ideas izquierdistas y con una clara posición antifascista, Gerda intenta transmitir y divulgar la verdad al mundo. Su objetivo siempre plasmaba la realidad que vivían las mujeres, los niños, los ancianos, … aquellas víctimas inocentes; con una visión más humana y feminista de todos los acontecimientos.

 

Tampoco faltaron esas fotografías de los escenarios más cruentos de la Guerra Civil. Fue precisamente en uno de esos escenarios donde la jovencísima fotorreportera encontraría la muerte a sus 27 años.

 

El 25 de julio de 1937 en los campos entre Brunete y Villanueva de la Cañada (Madrid), la Legión Cóndor lanzaba todo el hierro del que disponían, ametrallando todo lo que se movía.
El ejército republicano había perdido toda la esperanza de ganar esta batalla. Todos iban replegándose, huyendo de aquella carnicería ante el avance de las tropas de Franco. La carretera de Villanueva estaba plagada de coches, ambulancias, camiones, artillería, tropas, tanques… El ruido era ensordecedor y el miedo era libre. Gerda, junto a su compañero Ted Allen, intenta ponerse a salvo después de que el General Walter se lo pidiera. Habían estado toda la mañana sacando fotos y filmando. Lo último, un ataque aéreo en el que Gerda, cámara en mano, había filmado saliendo de la trinchera que la protegía. A lo lejos ven un Chevrolet negro propiedad del general Walter. Aquel vehículo estaba repleto de heridos. El joven conductor checo accede a llevarles a regañadientes.

 
Mientras un grupo de tanques T-26 intentaban huir hacia la carretera de Villanueva de los Junkers 52 y los Henkel 111 alemanes. Estos mastodónticos tanques eran una presa fácil. Entre el ruido, el calor infernal, la falta de entendimiento con la tripulación del tanque, Aníbal González, el conductor, solo pensaba en salir de aquel infierno. En ese momento el Chevrolet y el tanque se encuentran. El conductor del vehículo da un volantazo y Gerda sale despedida. El tanque pasa por encima de ella. Está en estado grave.

 
Rápidamente es trasladada al hospital de El Escorial o al militar de El Goloso. Lo único que pueden hacer por ella es evitar que sufra. Muere en la madrugada del 26 de julio.

 
Alberti y María Teresa León llevan su cuerpo a Madrid. Después lo trasladaron a París. Fue inhumada en el cementerio Père Lachaise de París.

 
La historia de Taro, la pequeña rubia, fue silenciada durante demasiado tiempo. No es hasta 1994 cuando una alemana, Irme Schaber, publica Gerda Taro. Una fotógrafa revolucionaria en la guerra de España. A partir de ese momento su trabajo y su figura empezaron a ser reconocidas.

 
En 2004 aparecen por sorpresa en México, guardados en una maleta, 4.500 negativos atribuidos a Capa, David Seymur y Taro. Una vez analizadas ponen en valor la figura de Taro como la primera mujer fotoperiodista de guerra.

 
Con sus fotografías hemos podido conocer la realidad de nuestra Guerra Civil desde su punto de vista más cruel y, a la vez, más humano y femenino.

 
Aquella luchadora, coqueta e independiente, cuyo valor fue reconocido por todos con los que compartió momentos de lucha y de esperanza, merece nuestro recuerdo, admiración y gratitud.

 
Autora: Nanny García Gómez

 

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