¿FELICES FIESTAS? PUES PODRÍAN SERLO

Nunca he sido mucho de creer en eso de que toda persona nace ya con su destino marcado y decidido. Que por mucho que te empeñes tienes que cumplir tu cometido y que este es inamovible. Excepto en situaciones con circunstancias muy, pero que muy especiales, siempre he creído que todas y todos tenemos, no una, sino varias oportunidades a lo largo de nuestra vida para encauzar, redireccionar y decidir cómo queremos que sea nuestra vida. Hacerlo o no depende de nosotros mismos, de nuestra voluntad y de nuestra predisposición para los cambios. Cada persona se define por sus actos, sus palabras y sus ideas o llamémoslo, ideales.

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Circunstancias especiales pueden ser haber nacido en un país en guerra, donde posiblemente ya no dependa solamente de una misma poder salir de ese entorno y verte atrapada. Nacer en un país donde aún exista la esclavitud y que te vendan, como ya digo, circunstancias muy especiales que no son las normales para el desarrollo habitual de la vida. Pero aun así me permito decir que si se quiere, se puede. Luchando contra viento y marea, tomar tu vida en tus manos y salir de cualquier pozo. Sin escusas.

Y lo mismo que una persona que nace en un entorno de pobreza, quizás también de delincuencia, no quiere aceptar vivir esa vida, lucha, trabaja, se forma y “pelea” para mejorar y cambiar “su destino”, cualquier persona que viva una situación desahogada, cómoda, de privilegio, pero que sabe que no la merece, que no se la ha ganado por méritos propios, que está perjudicando a otras y otros, que ya su figura no tiene razón de ser, debería dejar a un lado el egoísmo por el bien común. No vale buscar escusas, no vale justificarse con aquello de “me ha tocado, no lo he buscado”. Cada persona, pobre o rico, desfavorecido o privilegiado, ante todo es persona y sobre todo, es responsable de sus actos.

Pues toda esta introducción no va a cabeza perdida. Es necesaria para entender lo que viene a continuación, al menos así lo creo.

Y es que no es otra mi intención que devolver la gentileza que ha tenido la familia real, SSMM los Reyes de España (Felipe R. y Letizia R.), junto a sus hijas (Leonor, Princesa de Asturias y Sofía, Infanta de España) de felicitarnos de forma tan entrañable las fiestas a todos sus súbditos y súbditas (¿se dice así, no?).

“En estas fechas tan entrañables, no quiero dejar pasar la ocasión de desear a Su Majestad y a su Real Familia, una felices fiestas y que ni las lamentables circunstancias personales que rodean a algunos miembros de su familia, bueno, a casi todos, sean motivo para que dejen de seguir disfrutando de su privilegiada situación de boato y futuro resuelto (el suyo, el de S.M. la Reina y el de sus dos preciosas hijas).

Situación muy distinta a la de los casi 13 millones de sus súbditos que se encuentran en riesgo de pobreza. Invisibles, pero reales. El 30% de ellos incluso con trabajo, cuyos ingresos no superan el 60% del ingreso medio nacional y otro 15% con estudios universitarios. Muy distinta también a los 1, 5 millones de hogares que sufren pobreza energética, hogares en los que hay niñas y niños, personas mayores, muy mayores y que a veces incluso mueren en un terrible incendio provocado por intentar tener algo de calor en el hogar humilde usando métodos poco seguros como una copa de cisco (en Andalucía) o quizás es un cubo de chapa con un fuego encendido.

Pido disculpas, Majestad, no era mi intención entrar en reproches. ¿Qué culpa tiene Vuestra Majestad de todo esto, verdad? Seguramente si estuviese en Vuestra mano poder evitarlo, lo hubiese hecho ya, estoy segura de ello.

Lo mismo que estoy segura que plantearía las medidas necesarias para que nuestros hijos y nietos no tengan que emigrar como ya tuvimos que hacerlo nosotros en los años 60 y 70 cuando su “abuelo Paco” nos gobernaba. Esos 2, 4 millones de españolas y españoles que se formaron aquí y que ahora, teniendo que abandonar familia, amigos y hogar, ponen sus conocimientos a servicio de otros países. Y que tributan también en esos países, restando esos ingresos a las arcas nacionales.

¿Qué en eso tampoco puede Vuestra Majestad hacer nada? Lo siento, nada más lejos de mi intención hacerle sentir mal a Vuestra Majestad.

Pero  seguramente, desde Vuestra posición de Jefe de Estado, Vuestra Majestad podrá intervenir con autoridad en los ¿cientos? de casos de corrupción política que están aflorando dentro del gobierno central y también de muchos, demasiados, gobiernos autonómicos. Casos que llenan los bolsillos de quienes un día, con una mano en la “Sagrada Constitución” y otra sobre la “Sagrada Biblia” juraron solemnemente velar por el bienestar de todos Vuestros súbditos a la vez que cumplir y hacer cumplir las leyes por las que se rige este bonito, pero empobrecido estado. Vuestro súbditos, Majestad. Esos de los que hablamos antes, que pasan hambre y necesidades, mientras ellos viven a cuerpo de rey (ups, perdón) con lo robado. ¡Vaya, volví a meter la pata! Pido de nuevo perdón, no quería hacer leña del árbol caído. Ya sabe, Cristina e Iñaki.

¿Nada, tampoco aquí? Ah ¿que son ellos los que determinan, entre otras cosas, la partida destinada a la Casa Real en los Presupuestos Generales del Estado cada año? Pues no había yo caído en ese insignificante detalle. Mejor no enfadarlos, no sea que esa partida quede como la de la Ley de Memoria Histórica. Le doy la razón, Vuestra Majestad.

Pero estoy segura que Vuestra Majestad, que es padre también y se pone en el lugar de todas las madres y de todos los padres de este país,  estará cavilando sobre como poder volver a garantizar la mejor educación, sanidad y atención social a todas las niñas y todos los niños de Vuestro Reino. Para que puedan asistir a clases adecuadas, sin masificar, con material adecuado, con profesores suficientes, con edificios seguros y que cuando sean mayores, tengan todas y todos las mismas oportunidades de estudiar, sean de familias ricas o trabajadoras. Para que puedan igualmente tener una atención sanitaria adecuada, garantizando plazas hospitalarias, atención primaria, evitar largas listas de espera que a veces incluso les cuestan la vida. Y que la política social tenga capacidad para atender a todos los casos que lo necesiten para que llegue el día que no haya niñas ni niños en riesgo de exclusión social.

¿No? ¿Tampoco? Pues me lo pone Vuestra Majestad bastante difícil, la verdad.

Ya sé. ¿Cómo no había caído antes? Lenta que es una de mollera. Y es que hay una cuestión que da muy mala imagen a Vuestro Reino y que estoy segura que Vuestra Majestad también querrá corregir. Me refiero a esos individuos que cada día con más desfachatez, impunidad y descaro, se atreven a exhibirse en público, brazo derecho en alto, cantando el cara al Sol, ondeando banderas con águilas negras, yugo y flechas, reivindicando viejas y prohibidas ideologías que nos recuerdan la etapa más triste y negra de nuestra reciente historia nacional. Que Vuestra Majestad podrá hacer que se cumplan las leyes referentes al enaltecimiento del franquismo. Y de paso, que se haga cumplir la Ley de Memoria Histórica que lleva 10 años ahí, aparcada, ninguneada, ignorada. Lo mismo que las más de 100.000 víctimas asesinadas por la dictadura franquista que aún siguen sepultadas en las más de 2000 fosas que agujerean Vuestro Reino. Que desde Vuestra posición podrá conseguir que se anulen las sentencias condenatorias que han menoscabado la Dignidad de esos asesinados desde hace ya más de 80 años. A la vez que los torturadores y asesinos que aún siguen con vida y que campan a sus anchas por las calles de Vuestro Reino de forma impune sean detenidos, acusados y condenados. Impedir que sus víctimas tengan que cruzarse con ellos por las calles.

¿Qué eso es competencia de los que aplican la Ley? Le doy toda la razón, Vuestra Majestad, nada tiene que ver aplicar la Ley con la Justicia. Sobre todo si se trata de aplicar la Ley de Amnistía del 77.

Bueno, pues intentaremos a ver si puede Vuestra Majestad pedir ayuda a la Reina. Quizás pueda ella, que es mujer que viene del pueblo llano, que en su día también fue súbdita y plebeya e igual nos entiende mejor, hacer que en este país, este Vuestro Reino, las cifras de mujeres asesinadas, maltratadas y golpeadas baje hasta quedarse en cero. Y si no es posible, al menos que esas mujeres sean atendidas de forma adecuada, se les facilite la ayuda necesaria para poder alejarse de ese infierno que supone tener que vivir con un maltratador. Que consiga despertar en la conciencia de los políticos que la violencia de género no es de ningún modo aceptable y que son más, mucho más que unas cifras en una estadística al final del año. Y menos aún una baza electoral. Al igual que la plena igualdad entre géneros en el ámbito laboral, social y cultural. ¿Podría ser?

¿Qué la Reina no manda? ¿Qué es solo consorte? Parece que sigue pareciéndose a las plebeyas más de lo que ella quisiera ¿no?

Pues la verdad que ya me da apuro seguir. Parece que el ser Jefe de Estado no es gran cosa. Porque si lo comparamos con ser Presidente o Ministro, pues bien poco es. Esos hacen y deshacen a su antojo, fastidiando la vida de sus súbditos, Vuestra Majestad, sin que nada podáis hacer para evitarlo.

Y llegados a esta conclusión, y con todo mi respeto hacia Vuestra Majestad ¿de qué sirve tener un Rey entonces? Demostrado queda que para nada.

Con una felicitación entrañable de la familia para desearnos unas felices fiestas no se puede ocultar que, excepto para tener una partida propia en los Presupuestos Generales del Estado, para tener una posición desde la cual se pueda meter mano en cajas ajenas o para tener el privilegio de cazar animales protegidos en peligro de extinción, una monarquía no sirve para nada. Vuestros súbditos seguimos desprotegidos ante los desmanes de los políticos.

Y pregunto yo ¿qué necesidad tiene Vuestra Majestad de tener que estar aguantando todo esto? Os lo diré yo: ninguna. Porque como decía al principio este artículo, cada persona es libre de decidir su vida, su destino. Y si Vuestros súbditos no tienen el sentido común de reconocer de una vez por todas que una Monarquía está obsoleta en pleno siglo XXI, que en ninguna forma favorece al pueblo, Vuestra Majestad debería dar ejemplo, ser valiente y abdicar. Estoy segura que tendrían una vida mucho más cómoda, privada y sencilla. Y no me vale el argumento que es Vuestro Destino, no lo es. Nadie está predestinado.

¿Felices Fiestas? Claro que sí, podrían serlo, si para “Reyes” (qué ironía ¿no?) nos hiciera ese gran regalo de la renuncia a la corona y que eso diese paso a una República Federal, que es lo que este país necesita para salir de este hediondo pozo en el cual nos han hundido entre muchos: los que un 18 de julio de 1936 decidieron atentar contra un gobierno legal, los que posteriormente consintieron y apoyaron un régimen dictatorial durante casi 40 años, los que permitieron que nos fuese impuesto un rey que venía formado por ese régimen franquista, los que posteriormente nos echaron arena en los ojos y nos vendieron la falsa Transición que solamente sirvió para perpetuar de forma solapada ese régimen fascista y para rematar, la ambición de poder y de riqueza de quienes habían prometido devolver la Libertad a este país.

Ciudadano Felipe, eres de una nueva generación, no permitas que los que en este momento seguimos siendo tus súbditos, sigamos siendo también esclavos de la sinrazón.  Aún estas a tiempo de cambiarlo todo. Te repito, está en tus manos. De otra forma, pasarás a la historia como otro más de los que permitió que se perpetuara el régimen y que validara con su comportamiento aquel golpe de estado que derrocó un gobierno legalmente elegido.”

Autora: Ani García Pérez

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