Los juicios de los crímenes de Argentina y de la guerra yugoslava, ejemplo para España.

Dos hechos judiciales sucedieron hace unos días que debieran hacernos reflexionar sobre los distintos modos que tiene una nación de afrontar la historia y a sus criminales. El primero y más espectacular sucedió en La Haya durante el proceso judicial que juzgaba al criminal de guerra bosniocroata, el exmilitar Slobodan Praljak. Nada más conocerse y darse a oír la sentencia condenatoria por crímenes de lesa humanidad, Slobodan y delante de las cámaras de televisión, ingirió un veneno de un frasco que escondía en su bolsillo el cual acabó con su vida horas más tarde en un hospital. Este Tribunal juzgaba la apelación de la primera condena a 20 años de presidio que le fue impuesta en 2013 por el TPIY (Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia). Se comprende que al agotarse las vías judiciales prefirió el suicidio a terminar sus días en una cárcel.

suicidio

La segunda noticia, y para mí más relevante por las similitudes que guarda con el caso español, es la condena a cadena perpetua de varios de los responsables de los vuelos de la muerte durante la dictadura militar argentina de Videla, el cual conviene recordar que murió hace pocos años en presidio cumpliendo condena. Un tribunal federal de Buenos Aires juzgaba la causa ESMA, en referencia a la Escuela Mecánica de la Armada que se convirtió en uno de los principales centros de ejecuciones y torturas durante la dictadura. Dicha causa ha supuesto el mayor juicio en la historia de Argentina donde más de 800 testigos fueron llamados a declarar por unas prácticas mortales que según algunas fuentes cifran en 4.000 asesinados arrojados al mar desde aviones. 54 acusados y 789 delitos de lesa humanidad son las escalofriantes pero ejemplares cifras que tenían que juzgar. Algunos de los condenados a prisión perpetua fueron un excapitán del ejército, Alfredo Ostiz y al excapitán de fragata  Jorge Eduardo Acosta alias “El tigre”. También se encuentran entre los condenados dos pilotos que tripulaban los aviones, Mario Daniel Arrú y Alejandro Domingo. En Argentina a día de hoy hay 449 criminales de la dictadura cumpliendo penas de cárcel y varios cientos prisión domiciliaria. Debemos recordar que todas estas condenas se han podido aplicar después de que entre 1989 y 1990 el presidente Carlos Ménem sancionara una serie de decretos de ley de punto y final que indultaba a anteriores condenados e impedía juzgar en el futuro más crímenes por prescripción de los delitos en el tiempo. Algo que guarda un gran paralelismo con la ley española de Amnistía de 1977. Afortunadamente y con buen criterio moral el Congreso Nacional en 1998 derogó dichas medidas y en 2005 la Corte Suprema de Justicia convalidó dichas anulaciones.

juicios esma

Llegados a este punto entenderán el porqué interpreto estas noticias como muy interesantes y a tener en cuenta desde un punto de vista comparativo cuando oímos hasta la saciedad lo ejemplarizante que resultó para Europa y el mundo en general nuestra tan idolatrada Transición a la democracia.

Ha sido tan machacante el discurso de la reconciliación que incluso se ha utilizado como argumentación para negar cualquier posibilidad de hacer justicia a tantas víctimas. No reabráis heridas, el pasado es historia, fue una guerra fratricida donde en los dos bandos se cometieron atrocidades. La amnistía fue necesaria para hacer borrón y cuenta nueva. Pues bien, Argentina ha demostrado la falsedad de estas teorías y hemos podido comprobar que amnistiar a presos políticos que lucharon contra la dictadura y otorgar impunidad a sus verdugos es moralmente inaceptable y para nada imprescindible. Ello supone equiparar a asesinos y asesinados. A torturadores y torturados. A dictadores y demócratas. El pueblo argentino nos ha enseñado que por dignidad y en una democracia que se precie de llamarse así los criminales deben ser llevados ante un tribunal justo pero con memoria histórica. Slobodan Praljak ha podido dar fe de ello con resultados muy amargos mientras en España Billy el niño seguirá  riéndose de las reivindicaciones de sus víctimas torturadas. Es lo que tiene cuando un país no hace sus deberes para con su historia.

Autor: Jordi Pedrosa

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