¿PATRIOTAS O FACHAS?

Durante las últimas semanas nos han bombardeado desde todos los medios de comunicación, escritos, digitales, radiofónicos y televisivos, del desarrollo de los hechos referente al 1-O en Catalunya. Hemos tenido de todo. A favor y en contra, personalidades, personajes y personajillos pronunciándose al respecto. Juristas y expertos intentando esclarecer la si o no legalidad del referéndum. Organizaciones internacionales llamando la atención sobre la violación de los Derechos y Libertades de los ciudadanos. Y a Europa haciéndose “la sueca”.

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Y entre todo esta amalgama de opiniones y declaraciones, el españolito de a pie. Cada una y cada uno con sus opiniones, convicciones y sentimientos. Y yo, una de entre ell@s.

Antes que nada deseo aclarar que no voy a entrar en si estoy de acuerdo con la independencia de Catalunya o no. Eso daría tema para otro artículo. Como ciudadana del mundo opino que cada persona debe ser libre de poder decidir su destino y el futuro de los suyos. Más bien me preocupa el hecho de que en un país, en el cual nos quieren convencer de que vivimos en una Democracia, se usan todos los medios posibles a disposición del gobierno para impedirle a una parte de la población expresar su opinión mediante un procedimiento que se supone que es fundamental dentro de los derechos que se adquieren en Democracia: votar.

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La escalada del independentismo en Catalunya podemos presumir que no se debe precisamente al buen hacer político de los defensores a ultranza de ese anhelo, sino más bien a la chapucera política practicada por el gobierno del PP en lo últimos años y también a sus antecesores del PSOE, habiendo tenido innumerables ocasiones para haber llegado a un acuerdo pactado y no tener que verse ahora frente a la situación que estamos viviendo. No se puede estar ninguneando ni despreciando eternamente los sentimientos culturales y de identidad de millones de personas sin esperar que llegase el día que dijeran ¡hasta aquí hemos llegado! sin que se les subiesen a las barbas. ¿Qué se podría haber hecho menos tajante? Posiblemente. Siempre y cuando no se intente imponer sin hacer concesiones.

Pero ha ocurrido. Y hay que hacerle frente. Lo que verdaderamente me preocupa en este momento no es si después del domingo, Catalunya seguirá siendo “española” o no. Si tendremos que pasar frontera para ir a visitar a nuestras familias que residen allí o si la silueta de “la piel de toro” (siempre me ha producido escalofríos ese término) hay que recortarla por esa esquina.

 

Lo que más me preocupa, me da verdadero pavor, ha sido la reacción de los “muy españoles y muchos españoles”. No sé si consciente o inconscientemente, pero esta situación ha provocado que mucha gente, de repente, haya sentido un “patriotismo desaforado”. Un patriotismo que yo, personalmente, he echado de menos, y mucho, cuando empezaron los desahucios de familias que no podían hacer frente a sus hipotecas porque habían perdido sus empleos, fruto de una vergonzosa política económica que ha llevado a este país a la ruina social. Lo he echado de menos cuando nuestros jóvenes se han visto forzados a tener que emigrar a otros países porque aquí el futuro se les presentaba más negro que el carbón y que solamente les ofrecía y les sigue ofreciendo trabajos bajo condiciones esclavistas y despreciando los años de formación que llevan a cuestas. Lo he echado de menos cuando con la Ley Mordaza se coartaban las libertades de todas y todos, impidiendo ejercer el derecho a la libre expresión de opinión sin correr el riesgo de ser multado o incluso dar con tus huesos en la cárcel. Y sobre todo, lo he echado de menos cuando, poco a poco, se han ido destapando y conociendo todos los casos de corrupción en todos los partidos políticos que nos han estado gobernando y nos gobiernan y a que ahora se amparan en esa Constitución que ahora blanden como arma divina para justificar los atropellos que están cometiendo contra las libertades fundamentales de la Democracia.

 

Quizás mi forma de entender el patriotismo no es la misma que la de los demás. Para mí no es coger una bandera, plantarme en medio de la calle y ponerme a gritar “A por ellos”, jaleando de esa forma a los guardias civiles que partían desde Andalucía hacia Catalunya para impedir el 1-O, como si se tratase de apoyar a tu equipo de fútbol favorito.

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No es ponerse en medio de una manifestación cantando el Cara al Sol. No ponerse la banderita rojigualda en la correa del reloj o exhibir sus colores en el cinturón del pantalón. Y sobre todo, no lo es enfrentarse entre los ciudadanos de este país, querer “combatirlos” simplemente por tener una percepción distinta de lo que es la Democracia.

Ayer mismo pude leer en un periódico, sección cartas del lector, un comentario que contenía la siguiente frase: “…estas personas se sienten españoles y salen con su bandera constitucional, seña de identidad de todo español bien nacido, con orgullo y valentía…”  Toma facherío. ¿Se puede ser más casposo? Perdón, no quería ser insultante, pero seguramente me ha salido porque soy una “española mal nacida, traidora y cobarde.”

Durante estos días me he encontrado con que muchas personas de mi círculo más cercano han manifestado un odio, si digo odio, hacia Catalunya, hacia el deseo que tienen de poder pronunciarse acerca de su futuro. De algunos me lo esperaba, de otros, sinceramente, no. Pero aun así he intentado entender las razones que les llevan a tomar esa postura. ¿Son fachas o patriotas? No me gusta lanzar sentencias gratuitamente y sin haberlas sopesado antes. Sin duda alguna habrá de todo. Porque si alguien se exhibe con la bandera con el águila, el yugo y las flechas, pues por muy benevolente que pretenda ser en mis juicios, esos son fachas, sin lugar a duda alguna. Muchos, de edad avanzada, que tienen nostalgia de la época del franquismo que vivieron, cuando podían sentirse superiores y pisotear a quienes les vinieran en ganas sin tener que tener ni siquiera motivos. En tiempos en los que simplemente por anhelar lo que otro tenía bastaba con denunciarle como “sospechosos de no ser afecto al régimen” para que se le encarcelase, torturase e incluso, asesinase. Otros, más jóvenes y que nacieron ya en Democracia, cegados y engañados por los delirios de grandeza patriótica que les transmiten los más mayores; o por desconocer la verdadera historia de lo que ocurrió durante 40 años en esta país, de la falta de libertades o por pensar que no todo el mundo tiene derecho a las mismas libertades, dependiendo de dónde haya nacido, si la cuna de la que salió fue lo suficientemente “ilustre” o al apellido que los adorna no se considere de “alcurnia”.

Luego están los que se consideran patriotas, los que defienden la unidad de España como un conjunto indisoluble ahora y para toda la eternidad. “No pueden irse. Catalunya es nuestra y no pueden separarse”, uno de los argumentos esgrimidos. ¿Nuestra? ¿De quién? ¿De los andaluces, de los madrileños, de los extremeños…? “Es que la Constitución lo prohíbe. Es ilegal y hay que respetar la  Constitución y las leyes., otro argumento. ¿Igual que nuestro políticos respetan la Constitución y respetan las leyes? ¿También cuando eso ocurre sacas tu patriotismo a pasear para mostrar tu indignación?

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Llegados a este punto, más bien quisiera decirle a todas esas personas que de repente se han vestido de rojo y dorado, que cuidado, que la trampa está puesta y están a puntito de pisarla y dejarse atrapar. Posiblemente aun puedan escapar, pero lo más probable es que ni siquiera se estén dando cuenta del peligro que corren y las consecuencias que nos esperan si no lo remediamos entre todos. Porque todo ese discurso del patriotismo, de indivisibilidad de España, del respeto a la Constitución no es más que la excusa para poder actuar de la forma que lo está haciendo el gobierno del PP, apoyados por PSOE y Ciudadanos y que no es otra cosa que la merma de libertades, la excusa perfecta para aumentar el control sobre la población, imponer su política en el poder judicial, en los medios de comunicaciones, robarnos los derechos peleados durante años. Y de paso, claro está, desviar la atención sobre presupuestos no aprobados, corruptos encarcelados que están siendo liberados, negocios turbios cerrados con multinacionales para enriquecimiento propio, caja de pensiones cada vez más saqueadas, recortes sociales vergonzosos, merma de derechos laborales a base de reformas traicioneras o pactos políticos llevados a cabo a puerta cerrada para poder perpetuar el régimen de bipartidismo corrupto en el que llevamos viviendo desde hace ya más de 40 años.

Mucha gente dice que exageramos cuando decimos que el franquismo no murió con el dictador. Que no queremos dejar ir el pasado. Pero es que cada vez es más evidente que no estamos equivocados. No desapareció, solamente se disfrazó, maquilló y camufló entre las páginas escritas que se convirtieron en nuestra carta magna, la Constitución que se supone que recogía nuestros derechos como ciudadanos libres. Libres para expresarnos, libres para trabajar, libres para elegir a nuestros representantes, libres para decidir dónde vivir e igualmente libres para…votar. Menos si vives en Catalunya y quieres decidir si quieres seguir perteneciendo a una monarquía heredera de un régimen totalitario y represivo o prefieres hacerlo en un República Federal. Aquí o eres españolito por las buenas o eres españolito por la fuerza de mi voluntad, por mis jueces y por las armas de las fuerzas policiales.

¿De verdad creéis que a Rajoy, a Sánchez, Rivera, Rosa Díez, Toni Cantó o cualquiera de los iluminados les importa de verdad la unidad indisoluble de España? Si de verdad les importase tanto, no la habrían llevado a la ruina. A éstos lo único que les importa es el rendimiento político que pueden sacar de todo lo que está ocurriendo. O sea, que para las próximas elecciones, mayoría absoluta. Una mayoría patriótica que, posteriormente, cuando ya nos hayamos olvidado de Catalunya, de los catalanes y de nuestro henchido orgullo patriótico, volverá a centrarse en seguir recortando, manipulando, engañando y robando.

Como propina, os dejo este enlace para que veamos cómo se las gastan:

Los GAR en Barcelona: 300 espartanos de la Guardia Civil por si el 1-O se pone feo

Los comparan con los Navy Seals de Estados Unidos. El desplazamiento de una unidad de élite que ha peleado en conflictos como el de Afganistán o el del Sahel es toda una declaración de intenciones del gobierno español ante el desafío independentista.

https://www.elespanol.com/reportajes/20170929/250475940_0.html

 

Autora: Ani García Pérez

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