Nosotros, los herederos de la Democracia

Ante la crisis económica, política, social, y de los valores más fundamentales en los que debe fundamentarse un estado democrático, cada día somos más los que apostamos por una única alternativa, la III República.

Cada vez somos más colectivos y organizaciones los que nos estamos asociando alrededor de nuestra bandera y de los valores que hemos heredado.

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Desde ese 14 de abril de 1931, han pasado 86 años, supuso la respuesta a un llamamiento que movilizó a  intelectuales, médicos, ingenieros, profesores, escritores, artistas, etc, y muy especialmente a los jóvenes; “Tratándose de decidir el futuro de España es imprescindible la presencia activa y sincera de una generación en cuya sangre fermente la sustancia del porvenir”.

Salvando las distancias, lo que estamos viviendo ahora es muy parecido a lo que vivieron nuestros abuelos. Una monarquía heredera de un régimen dictatorial.

Con el nombramiento de Felipe VI como nuevo rey en 2014, y sustentándose en la derecha del PP  y con el apoyo incondicional del PSOE, se vuelven a acatar unas leyes franquistas que están recogidas en la Constitución, siendo constantemente vulneradas por todos los gobiernos.

Estamos asistiendo al desvanecimiento sistemático de las falsas promesas que se hicieron en la Transición en el camino hacia la Democracia, sustentadas por esa monarquía, una monarquía que siempre estuvo alejada de la realidad de su “pueblo”, haciendo desvanecer también las bases mínimas de la ciudadanía.

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En aquella II República se promulgaban valores como la igualdad, la libertad, la solidaridad, la justicia social y el buen gobierno. Hombres y mujeres entregados a un proyecto en el que los poderes públicos eran los encargados de promover que la libertad y la igualdad del individuo fuesen reales y efectivos.

El principio de  libertad es fundamental. En ella se basan el resto de los demás derechos, un derecho que es condición de existencia de los derechos individuales. Es el primero de los artículos de los DDHH: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. La idea de dignidad de una persona implica necesariamente el principio de libertad individual.

La cuestión social primó por encima de todos los derechos. El bienestar social es el garante de estos derechos individuales. Sin derechos sociales los derechos civiles y políticos son derechos vacíos. No se pueden mantener unos derechos civiles o políticos si no puedes mantener a tu familia. La fraternidad concebida como justicia y solidaridad.

Los avances sociales fueron muchos y han llegado hasta nuestros días, sin embargo, los vemos peligrar.

En el artículo 43 de la Constitución republicana, dentro del apartado “ Familia, economía y cultura”, se establecía la prestación de asistencia a enfermos, ancianos, protección a la maternidad y a la infancia.

El el artículo 46 : “La República asegurará a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia digna. Su legislación social regulará: los casos de seguro de enfermedad, accidente, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes, y especialmente la protección de la maternidad…”.

La igualdad entre hombres y mujeres fue uno de los mayores logros, un éxito rotundo. Por primera vez se reconocen los derechos de la mujer. Las mujeres dejaban atrás ese oscurantismo religioso al que habían estado sometidas durante siglos, a ese analfabetismo misógeno e irracional, mujeres que tenían un papel fundamental dentro de la República como compañeras, como educadoras de sus hijos, como garantes de la regeneración social, mujeres que por primera vez son invitadas a participar en la vida social, cultural y política, permitiendo su emancipación, integradas en el conjunto del pueblo con las mismas capacidades soberanas que sus componente masculinos. Hace 83 años, el 19 de noviembre de 1933, Clara Campoamor consigue que 6.800.000 de mujeres tengan derecho a voto.

Uno de los grandes retos a los que se enfrentó la II República fue la reforma del sistema agrario(Ley de la Reforma Agraria) en un país mayoritariamente rural donde los grandes terratenientes y latifundistas eran propietarios de una tierra que no se explotaba, y cuando se hacía, los jornaleros que las trabajaban recibían sueldos de miseria  y vivían en condiciones infrahumanas. Nuca se pudo abordar la reforma agraria en su totalidad, no hubo tiempo, aunque las condiciones laborales mejoraron instaurándose la jornada de ocho horas y consiguiendo mejores condiciones de vida para los jornaleros.

 

Se crea un Seguro Obligatorio de Accidentes de Trabajo aplicada también al sector agrícola. El paro también preocupó cuestión que venía precedida de varios decretos desde 1910 y cuya preocupación máxima fue la crisis de 1929. Se crea Caja Nacional contra el Paro Forzoso y que incluía a mayores de 16 y menores de 65. El derecho a huelga o la libertad sindical también estaban contemplados.

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El proyecto de Estado, el laicismo, la separación de poderes, la reforma del ejército  y  modernización de la justicia hacía de la República un estado moderno, no exenta de dificultades.

Se avanzó hacia el Estado Federal y a la vez unitario, se posibilitan la formación de regiones autónomas pero no se implanta una estructura regionalizada. La demanda fue creada para satisfacer la reivindicación  catalana y el Tribunal de Garantías requería un miembro de cada comunidad. Sin embargo, el proceso nunca se finalizó completamente, tal y como las conocemos hoy en día, ya que en las elecciones de 1934 la CEDA paralizó todo proceso, y cuando se retomó en el 36 el franquismo hizo el resto.

La separación de los poderes, órgano Legislativo, Ejecutivo y Judicial, garantiza la independencia de los demás poderes y de la sociedad misma. En el caso del Poder Judicial se hizo una gran reforma hacia la modernización. La Constitución garantizaba la independencia de la función administrativa( Ejecutivo), emitir leyes, reformarlas o derogarlas( Legislativo), y castigar a los autores de hechos criminales, resolver los conflictos de Derecho entre particulares,de estos contra el Estado y del Estado contra particulares( Judicial).

Otra cuestión muy importante era la separación Iglesia y Estado. Por primera vez una constitución española ponía fin a siglos de una dura y ponente confesionalidad católica del Estado.

En este sentido, y debido principalmente a dos posturas enfrentadas, una que abogaba por una laicidad moderada y la otra, de amplia mayoría, que apostaba por la separación real entre Iglesia y Estado. Se implanta el Estado laico, liderado por Azaña.

Se prohibía la religión confesional en el ámbito escolar y en las instituciones del estado, se suprimía cualquier presupuesto estatal para el culto y el clero. El único matrimonio oficial era el civil y se legalizaba el divorcio. Se secularizan los cementerios. Se disuelven las ordenes religiosas cuyos estamentos fuesen en contra del Estado, como es el caso de los Jesuitas.

Lo más urgente era la secularización de la enseñanza. Se decreta la obligatoriedad del título de Maestro para impartir clases lo que dejaba fuera a los curas y monjas que impartían clases ya que ellos no disponían de tal titulación.

Una educación universal en un país con altísimos indices de analfabetismo que por primera vez podía acceder a la cultura, permitiría el avance hacía un país mucho más competitivo, ser un país puntero en Ciencia y Arte.

Así la escuela pública se convierte en obligatoria, laica, mixta, e inspirada en el ideal de la solidaridad humana, y donde la actividad era el eje central de la metodología. Todo ello abrió grandes expectativas a una población analfabeta con deseos de aprender, en la que pedagogos, poetas, escritores, intelectuales, artistas, etc, se lanzaron a recorrer todos los pueblos de España y poner la cultura al servicio de todos.

La II República, no exenta de dificultades, nos encaminaba a un estado moderno, todo era cuestión de tiempo pero ese tiempo fue sesgado de raíz. Nuestro país se vio inmerso de nuevo en el oscurantismo. Los valores promulgados por la República y aquellos que los defendieron fueron eliminados.

Hoy más que nunca necesitamos caminar hacia la Democracia real, necesitamos volver a esos valores, necesitamos recuperar el espíritu de aquellos luchadores y terminar la tarea que ellos empezaron. Sería nuestro más sincero homenaje.

Salud y República

Autora: Nanny García Gómez

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2 respuestas a Nosotros, los herederos de la Democracia

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