Exhumando fosas, recuperando dignidades

“Exhumando fosas, recuperando dignidades “ es el titulo de una exposición itinerante que comenzó su andadura en el año 2013 en la que la Universidad del País Vasco muestra los trabajos realizados desde el año 2000 por la Sociedad de Ciencias Aranzadi en colaboración con el Gobierno Vasco y en la que participan diferentes entidades como la ARMH y las diferentes asociaciones de memoria histórica de los lugares que visitan.

IMG_20170325_193346imagen: http://memoriahistorica.org.es/exposicion-itinerante/exhumando-fosas-recuperando-dignidades/

Para conocer mejor a los profesionales que intervienen en la exhumación de una fosa me voy a basar en un curso MOOC que elaboró la UNED en 2011, y que se volvió a ofertar en junio del año pasado( actualmente permanece cerrado), titulado “Exhumar una fosa común: el papel de los investigadores”. En este curso intervienen Emilio Silva o Paco Etxeberria, entre otros. Para ver  la información completa es necesario registrarse en la UNED.

http://cchs.csic.es/es/event/curso-mooc-exhumar-fosa-comun-papel-investigadores

Todo comienza cuando un familiar pide ayuda a una asociación . En ese momento se empieza a trabajar. Se pide ayuda a los historiadores, se busca documentación , se hace una investigación local. Una vez que se ha localizada la fosa se hace una reunión con los familiares, se piden los permisos pertinentes al ayuntamiento o se eleva el “Derecho de petición” a la administración competente y que tiene un plazo máximo de tres meses para dar una respuesta. Si no es así se abre un recurso contencioso administrativo.

Culturalmente hay una diferencia entre un enterramiento en un cementerio, aunque sea en una escombrera, y una fosa que se localiza en un campo, una cuneta o en una sima. El cementerio representa un entierro “digno” aunque hayan sido torturados y asesinados, mientras que en los otros casos hay saña, crueldad y vileza, y la mejor manera de los ejecutores de desembarazarse de las pruebas.

La justicia en demasiadas ocasiones imposibilita las exhumaciones, algo injusto para la familia que quiere cerrar el duelo. Una exhumación es una prueba de que se ha cometido un crimen y una manera de mostrar a la sociedad lo que ha ocurrido y poder avanzar hacia  una sociedad democrática. Un reconocimiento a nuestros muertos que también murieron por una idea, para terminar con el discurso oficial de los “muertos por  España”.

Cuando los restos se entregan a los familiares es una reparación en cuanto a la historia real de la víctima, en ese momento podemos hablar de justicia.

Las primera exhumaciones se dieron ya durante el franquismo. La más conocida es la que Franco hizo para conmemorar los 25 Años de Paz (1964), en el Valle de los Caídos, donde fueron trasladados sin conocimiento de los familiares  33.000 asesinados.

Tras la muerte del dictador muchas familias empezaron a exhumar por su cuenta a sus familiares, especialmente en los 80-90. No es hasta el año 2000 cuando se empieza a exhumar con ayuda de un equipo multidisciplinar  y bajo el amparo de las asociaciones de familiares. En ese momento, tras las  reacciones nacionales, internacionales, de instituciones, ayuntamientos, comunidades autónomas y se va avanzando hacía la Ley de Memoria Histórica ( 2007), en la cual, en realidad, no ha habido una intención formal en cuanto a la derogación de las leyes, en cuanto al libre acceso de toda la documentación,etc. Exhumar una fosa común está fuera de la ley, los crímenes han prescrito.

La primera exhumación con este grupo multidisciplinar se realiza en Priaranza del Bierzo. Emilio Silva Barrera nieto de Emilio Silva busca los restos de su abuelo. Para ello le pide ayuda al forense Francisco Etxeberria que pertenece a la Sociedad de Ciencias Aranzadi, y en la que Emilio corre con todos los gastos.

Cuando faltaban cuatro metros para terminar de excavar el perímetro de la posible fosa y cuando las esperanzas parece que se esfumaban, según cuenta el propio Emilio, observó que la tierra era frágil. La tierra tiene memoria y tarda en compactarse 150 años. De repente el cazo de la excavadora sacó una bota. En ese momento se acordó de su abuela, de su padre con 10 años, de sus cinco tíos que tuvieron que sobrevivir en el mismo pueblo  con los verdugos.

A su vez Paco Etxeberría también recuerda esa primera exhumación. Antes no había sido consciente del horror que supone exhumar una fosa de víctimas del franquismo. Desde ese momento se ha dedicado a ellos en cuerpo y alma, y lamenta no haberlo hecho antes.

Tanto para Emilio como para Paco exhumar una fosa representa romper un tabú, terminar con el secreto, un secreto que quizás todo el mundo conoce y que del que se hablaba en privado, “ese agujero del olvido hace que el pasado llegue al presente”.

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El papel de los investigadores

 Exhumar una fosa es un proceso complejo que requiere una infraestructura y un equipo humano que va más allá  del grupo de los investigadores. Electricistas, montadores de carpas, excavadoras, a los que se unen voluntarios para diferentes trabajos.

Todo el equipo está al mando del arqueólogo. Una exhumación es una tarea arqueológica. Su labor comienza  en la misma prospección, intentando localizar la ubicación. Una vez localizada la fosa se delimita y se excava manteniendo todo en su sitio hasta que se documenta.

El historiador es el encargado no sólo de buscar en los archivos sino también en los testimonios orales para poder recoger toda la información lo más concreta y veraz posible. Estará a pie de fosa ayudando a documentar objetos, materiales que pueden estar catalogados en fondos, en bibliografías, etc, para conocer el periodo exacto en la que se produjo la fosa.

El antropólogo social es el encargado de hablar con las personas que se acercan  a la fosa. Les pregunta qué hacen allí o qué es lo que les anima a estar. Es el encargado en unión con los forenses de recoger los testimonios de las personas cuyos recuerdos llevan reprimiendo demasiados tiempo, y que suelen surgir de manera espontanea y con mucha fuerza. Hablan con ellos, recogen documentación como fotografías, “cartas del último día”, apoya al historiador y elabora genealogías.  Todo esto sirve para esclarecer lo que de verdad pasó y que difieren mucho de las versiones oficiales en las que las personas asesinadas son consideradas culpables, una culpabilidad manipulada y aprendida por los familiares, un papel asignado, y que es muy difícil de cambiar.

Uno de los principales problemas que se encuentra el antropólogo social es la “educación sentimental” que recibió este país. Un discurso hegemónico sobre los culpables y las víctimas, que se propagaba desde las escuelas al Estado, pasando por los juzgados, y que no dejaba alternativa alguna a otra versión. Un sistema perverso que se ha mantenido en muchos de los familiares y con los que se intenta hablar para que cuenten la verdad.

El forense es el encargado  de la identificación, causas de la muerte, tanto a pie de fosa como en el laboratorio.

En unión con un equipo multidisciplinar, el forense es el encargado de saber cómo murió, porqué, la fecha. Al ser un equipo de estas características  toda la información es trasversal y se apoya en el historiador.

Recopila todos los datos, recupera todo sin daño y hace un a análisis “antemortem”.  Una vez en el laboratorio intenta la identificación,  con los datos aportados por la familia.

El biólogo, antropólogo físico está especializado en restos óseos, que enlaza con la medicina forense  y que es el estudio medico-legal  de los restos humanos. Colabora estrechamente con el arqueólogo, ve el estado de los huesos, si pertenecen a un ser humano, hombre o mujer, adulto o niño , traumatismos “antemortem” o “ perimortem”. Una vez en el laboratorio se averigua la edad, talla, etc, para la posible identificación.

El psicólogo trabaja en tres contextos distintos.

Antes de la exhumación  trabaja con los familiares, sus expectativas, qué esperan encontrar, se habla de cómo será el proceso.
A pie de fosa,  les acompaña en los momentos emocionales e intenta que sean positivos para poder cerrar el duelo. Es normal que familiares o personas de otros lugares se acerquen y, muchas veces, dan pistas sobre  otras posibles fosas.
Algo bastante común es la asistencia psicológica a los propios profesionales o voluntarios que se enfrentan por primera vez a cuerpos con graves signos de violencia.

Las fosas se convierten en espacios educativos. Se da a conocer la exhumación y se invita a todos los agentes, desde autoridades locales hasta colegios.

En todo momento se mantiene informado a los familiares del proceso que se sigue, de como va a ser la despedida. En todo momento se intenta que se sientan arropados, protegidos.

Para más información aquí

Autora: Nanny García Gómez

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