ALEJANDRA SOLER, LUCHANDO HASTA EL FINAL

Hace poco nos llegó la noticia del fallecimiento el pasado 1 de marzo de Alejandra Soler Gilabert. Y aunque en un principio te puede producir tristeza, es preferible alegrarse y regocijarse en lo que fue su vida, que debería ser un ejemplo para muchos y muchas.

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Alejandra Soler fue maestra republicana, militante comunista, pionera en el asociacionismo universitario y también en el atletismo femenino en su ciudad natal, Valencia. Fue una de las primeras mujeres que se licencio en la Universidad, terminando Filosofía y Letras  en 1935. Luchadora y defensora a ultranza de la escuela pública y de la igualdad. En su historial docente cabe destacar su trabajo en las escuelas rurales.

Pero ya con 14 años se afilió a la Federación Universitaria Escolar y se unió a la lucha estudiantil durante la dictadura de Primo de Rivera, que pretendía combatir la entonces llamada “Ley Callejo”. Una ley que según sus propias palabras “No podía consentir esa ley educativa. Querían hacer de la educación pública una enseñanza dogmática muy influenciada por la Iglesia Católica.

Durante la Guerra Civil se mantuvo firme en sus ideas en el bando republicano, impartiendo clases en escuelas rurales, allí donde era posible. Pero al finalizar la guerra se vio obligada a huir y cruzó la frontera con Francia, donde fue a para a un campo de refugiados del entonces colaboracionista gobierno de Vichy. Logró escapar y junto a su marido consiguieron llegar a la URSS, donde siguió con su tarea docente con los niños de la guerra huidos de España. En Leningrado les pilló la invasión nazi, teniendo que huir nuevamente, esta vez hacia el sur de la URSS. Permaneció en el país soviético hasta 1971, fecha en la que volvió a España, viviendo de forma casi clandestina durante 6 años en Madrid hasta su vuelta definitiva a Valencia.

Durante su estancia en la Unión Soviética sufrió la batalla de Stalingrado, durante la cual se convirtió en salvadora de 14 alumnos suyos, ayudándoles a cruzar el rio Volga y llevándolos lejos del frente. En 1958, fue designada Jefa de la Cátedra de Lenguas Romances de la Escuela Superior de Diplomacia en Moscú, cargo que desarrolló hasta que se jubiló en 1971. Más adelante publicaría su libro “La vida es un río caudaloso con peligrosos rápidos”.

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Pero si alguien piensa que tras su jubilación y vuelta a España iba a permanecer impasible no puede estar menos acertado. Su defensa de la enseñanza pública la llevó en febrero de 2012 a sus 98 años a participar en la llamada Primavera Valenciana, momento en el que salieron miles de jóvenes a las calles para protestar contra la “ley Wert” y sus recortes.

En una entrevista concedida en 2014 a un periódico de tirada nacional comentaba que “Es una concesión a la educación fuera del Estado y a favor de las élites. Quieren que la gente piense menos y tenga los oídos menos abiertos. Ese era el objetivo último de la ley Callejo y ese es el objetivo de la ley Wert” para seguir diciendo que “una de las cosas que más le duele es que se está “hipotecando el cerebro español” con los “puñeteros recortes“. El saber no puede ser monopolizado por una clase social. Mi lucha es para que el saber sea asequible para todas las clases sociales. El saber no puede ser monopolizado por una clase social”.

85 años distanciaban esas dos reivindicaciones, pero Alejandra Soler lo hizo con el mismo ahínco y fuerza en ambas ocasiones. Su convicción de que todas las personas tienen derecho a la enseñanza, independientemente de su estatus social, se convirtió en el eje de su vida. Y estamos seguros que si hubiese vivido otros 103 años, hubiese seguido en la misma línea. Desgraciadamente no pudo impedir que durante la dictadura franquista fuesen desterrados de las aulas escolares muchos niños y niñas por el simple hecho de no proceder de familias acomodadas, negándoles así una formación y conocimiento que les hubiesen asegurado un futuro mejor en muchos casos.

Pero esa era precisamente la finalidad de todo. Mantener al pueblo llano en la ignorancia para así poder dominarles mejor. Sin olvidar que se creían la élite elegida por la mano de Dios, gozando de unos privilegios que le estaban negados a las “clases bajas”.

Gracias Alejandra Soler por 103 años de constante lucha. Y tal como tú dijiste un día “El mundo no cambiará mañana, pero cambiará”. Tu legado será fundamental para que eso ocurra.

Autora: Ani García Pérez

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