Sartaguda, el pueblo de las viudas

Sartaguda constituía  un caso singular dentro de la provincia de Navarra, todas las tierras de su término municipal pertenecían al Duque del Infantado.

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Los colonos tenían que pagar un canon anual por los solares de viviendas, por el uso del molino y por arrendar la tierra.

Las reivindicaciones de tierras por parte de los colonos aumentan a partir de 1918, con la Dictadura de Primo de Rivera, y muy especialmente durante la República en la que los grandes y medianos renteros competían directamente con  los pequeños.

Al llegar la República en 1931, desde el Ayuntamiento, a instancias del Centro Republicano, se empieza a luchar por la mejora de las condiciones de vida de los más desfavorecidos. Se plantea al administrador del Duque, Ramiro Torrijos, dar la tierra a renta para garantizarles un mínimo de subsistencia. Se consiguieron algunas tierras pero no eran suficientes y las organizaciones de izquierdas empezaron a roturar ilegalmente lo que supuso la intervención de la Guardia Civil y la destitución del Ayuntamiento, nombrándose uno de derechas en 1934.

Las elecciones del 16 de febrero del 36, y el triunfo del Frente Popular, dan lugar a la reposición del Ayuntamiento destituido. Las antiguas reivindicaciones volvieron y el 15 de marzo se convoca una manifestación por parte de la UGT y la CNT, en la que se pidió la expropiación de los terrenos y que se quitara el puesto de la Guardia Civil.

El día 3 de mayo, elementos fascistas realizan disparos por la noche. Se registran enfrentamientos y se convoca una manifestación  en contra del maestro y del médico del pueblo, declarándoles culpables del tiroteo y pidiendo a las autoridades de Pamplona que se les expulsase del pueblo.

El día de la sublevación el  pueblo es ocupado  por una veintena de boinas rojas con apoyo de la Guardia Civil. En este momento la única opción era esconderse o huir. El 20 de julio empiezan las detenciones, todos son encerrados en la Casa Consistorial donde estaba la cárcel. Desde todos los representantes del Ayuntamiento, a los representantes sindicales de la UGT, fueron fusilados.

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La limpieza política se abatió muy especialmente en un segmento de la población. Eran jornaleros de entre 20 y 39 años. La mayoría de los asesinados a partir de los 25 años eran cabeza de familia con hijos pequeños a su cargo. Aquellos que por sus circunstancias vitales más necesitados estaban de la tierra y más presión habían hecho. De los los 143 afiliados a la UGT, 45 fueron fusilados. En total mataron a 86 hombres, de los cuales 45 estaban casados, dejando huérfanos a 135 niños.

Pero esto no termina aquí. Quedan muy pocos hombres en el pueblo pero se les obliga a alistarse  “voluntarios” en el Tercio de Sanjurjo. De ellos mueren 15 en el frente, 45 son fusilados entre el 2 y el 4 de octubre del 36.

Sartaguda es el pueblo mártir por excelencia, con una tasa de 67,6 asesinados por cada 1.000 habitantes, una tasa que dobla la de otros pueblos navarros que también sobrepasaron los 30 asesinados.

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Ante esta situación las mujeres fueron las principales víctimas de la represión en Sartaguda. En un principio muchas de ellas fueron paseadas, rapadas, con el aceite de ricino en sus cuerpos. Les insultaban y les hacían  bromas macabras. Nombres como Paca Urbiola, Avelina Cordón, Luisa Martínez, Rafaela García, Anuncia Ruiz, Sofía Ramírez, Trinidad Mangado, Antonia Narcue, Carmen Garatea, Francisca Martínez…., un total de 30 sufrieron algún tipo de tortura.

Las maestras Ramona Laredo Cuadra y María del Carmen Arraiza Mikeo fueron trasladadas a otras localidades, a El Busto y Leitza, respectivamente, con una reducción del salario del 50%.

Y después siguió su sufrimiento. Pérdida de tierras, el desvalijamiento de sus casas, la confiscación de sus cosechas, las multas,….. “Tras la guerra, los franquistas no respetaron esas propiedades y se adueñaron de los terrenos. No tuvieron compasión con las pobres viudas, que quedaron en una situación económica y emocional lamentable”. Una vez acaba la contienda y pasados unos años, en 1945, la Diputación de Nafarroa compró las tierras y las repartió de una manera bastante equitativa.

Testimonios como los de Celia, Eduardo, Paz, los hijos……https://www.youtube.com/watch?v=XGY8nAwOm5w

Las perseguidas, ejercieron el papel de los hombres tanto en el trabajo dentro de casa como en el de fuera, fueron a fábricas y al campo, pero las del bando sublevado estuvieron en casa y se volcaron en la maternidad y en criar y educar a sus hijos e hijas, quedando excluidas del ámbito público sin derechos y sin trabajo. Esto explica que la represión fuese colectiva y sistematizada, no improvisada, rapados de cabeza reflexionados y no espontáneos . Los castigos a las mujeres de los fusilados fueron marcados también por la envidia y en venganza de viejas riñas y rencillas entre vecinos. Pero no fue casual, el objetivo era masacrar a la gente de izquierdas, ya fueran hombres o mujeres, con el firme objetivo de acallar para siempre su voz. Los cortes de pelo eran mutilaciones humillantes que, por imposición, dañaban la personalidad de las mujeres y mellaban su integridad. Sin embargo, aunque fueron muchos los intentos, el objetivo no se cumplió y las mujeres no lograron ser doblegadas del todo. Gracias a ellas se puede saber todo lo que ocurrió en aquellos años, no sólo lo que les hicieron en primera persona sino también lo que sus familiares tuvieron que padecer. Las mujeres, degradadas a la categoría de objetos públicos, se sometían a estos castigos a veces de forma voluntaria, pensando que con ello lograrían salvar la vida de sus hijos, esposos, hermanos o padres, pero no fue así.

Tuvieron que convivir con la humillación, con las represalias, con sus verdugos. Sacaron adelante a sus hijos, solas, en el más absoluto abandono, y ante todas las dificultades se hicieron fuertes. Lloraron a escondidas, llevaron su dolor en lo más profundo de su alma, pero lograron con valentía superar todos los obstáculos.

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A lo largo de estos 71 años la palabra “perdón” nunca ha resonado en las paredes de las calles de Sartaguda. “A mí nunca jamás nadie me ha pedido perdón. Los asesinos no tuvieron la valentía de reconocer sus actos y pedir disculpas por ello, prefirieron esconderse y llevarse consigo el secreto a la tumba”,

Una vez muerto Franco, en 1978, los allegados pudieron por fin recuperar y dar sepultura a los restos mortales de los fusilados.

La barbarie registrada en 1936 en Navarra, cuya expresión máxima la encontramos en Sartaguda, no puede ser olvidada ni minimizada.

Podría haber elegido otra ciudad, otro pueblo. Podría haber hablado de cualquier historia de dolor, de sufrimiento, de indiferencia, de angustia, de humillación, de superación y de valentía, pero todas ellas llevan nombre de mujer.

https://www.youtube.com/watch?v=jas_vDHFFRs

https://www.youtube.com/watch?v=Uyux6OuEgcw

Sartaguda 1936. El pueblo de las viudas, Jimeno Jurio, J. María; coautor: Fernando Mikelarena. Pamiela, 2009

Autora: Nanny García Gómez

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