La nueva sociedad: trabajadores sin techo

Cuando vamos por la calle y vemos a una persona con todas sus pertenencias en un carrito de un supermercado o sentado junto a unos cartones apilados que por la noche los utilizarán para resguardarse del frio, la mayoría de la gente piensa que son alcohólicos o drogadictos, personas que han desperdiciado su vida y que éste es el resultado de una conducta antisocial y con el rumbo perdido.

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Pero no nos equivoquemos. La realidad es bien distinta pero nos la presentan convenientemente disfrazada y manipulada para que la población no tenga conocimiento de lo que de verdad se esconde tras esta tragedia humana.

El resultado del último recuento de personas sin hogar de Madrid, realizado a mediados de diciembre de 2016 y dados a conocer recientemente por la Primera Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Madrid y concejala del Área de Equidad, Derechos Sociales y Empleo, Marta Higuera, arroja algo más de luz sobre las cifras reales y las circunstancias de las personas que viven en la calle de la capital de este país.

Para ir aclarando cifras, empezaremos por abajo; de las 2.059 personas que se encuentran en situación de “sin techo”, solamente el 1,7% es por motivos de drogadicción, el 2,5% por enfermedad y el 7,6% por alcoholismo. A partir de ahí vamos subiendo en porcentajes y aumentando los motivos, hasta llegar y para sorpresa de muchos,  que un 34,1% de estas personas sin hogar tienen trabajo mientras que el 58,9% cuenta con estudios superiores.

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Por edades y género, el informe indica que la mayoría son hombres, el 71%, de entre 40 a 49 años (33,6%). Aunque no se informa sobre ningún menor, si hay una alarmante cifra de un 14,5% que tienen más de 60 años y un 7,8%  de personas entre 20 y 29 años. El 36% son españoles y el resto se reparte entre rumanos (39,6%), marroquíes (13,2%) y otras nacionalidades europeas, africanas y sudamericanas.

Hasta aquí hemos hablado de cifras, fríos números, que aunque nos dan una visión más clara de la situación real de las personas que viven en las calles y de las motivaciones que les llevaron a ello, no dejan de ser solamente eso, cifras.

Toca ahondar un poco más y analizar más a fondo sobre las circunstancias que provocan que esto ocurra. Si ya de por sí es aberrante que una persona, independientemente de sus circunstancias, tenga que vivir en la calle, llama aún más la atención el número de estas que se ven obligados a hacerlo, aun teniendo trabajo. Esto nos lleva a la conclusión que los tan ponderados puestos de trabajo de nueva creación no son más que miserias para engordar los resultados de gestión política y convencer a la población de que estamos en la dirección correcta para salir de la crisis. Pero cuando una persona, a pesar de tener un empleo, se ve obligada a vivir en la calle, no demuestra nada más que la precariedad laboral y los sueldos de miseria que se percibe por ellos.

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Otros de los datos a tener en cuenta, es el gran número de personas con estudios superiores. Lo que nos lleva a hablar una vez más del concepto tan erróneo que tenemos de los sin techo. Personas que seguramente con anterioridad tenían un buen empleo, una casa y hasta una familia. La pérdida de un sueldo fijo es el comienzo de la cuesta abajo y a partir de ahí, pérdida de poder adquisitivo,  no poder hacer frente a los gastos, pérdida de vivienda y en muchos casos, destructuración familiar y separación. Pérdida de la autoestima al sentirse inútil para la sociedad (sentimiento transmitido por una sociedad donde cuenta más la producción que la persona). El terreno idóneo para el cultivo de “personas no aptas” y engrosar las cifras de los sin techo.

También llama poderosamente la atención el gran número de personas mayores de 60 años que malviven en las calles. Muchos de estos casos son padres que avalaron las hipotecas de sus hijos con sus propias viviendas y que al no poder hacer estos frente a los pagos, se les desahucia y tras una vida entera de trabajo y esfuerzos, se ven forzados a terminar sus días de comedor en comedor social, alojados en albergues, cuando hay plazas, o pasando las noches a la intemperie con el agravante de un estado de salud cada vez más precario debido a su avanzada edad. Hay que sumarle a esto que la mayoría no pueden permitirse un alquiler debido a sus míseras pensiones.  Bonito pago a nuestros mayores.

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Esta es la realidad de las personas que viven en las calles. No son solamente alcohólicos o drogadictos, son personas que un día tuvieron una vida normal pero que la falta de valentía de nuestros gobernantes de reconocer una galopante crisis y poner remedio a tiempo, les ha condenado a la situación en la que viven actualmente. Y no nos engañemos. No son casos aislados, ni especiales. Cualquiera puede verse en esta situación. Demostrado está a la vista de las cifras ofrecidas. Desde el “España va bien” de Aznar hasta la “situación de recesión” de Zapatero, son los verdaderos culpables de que hoy en día las cifras hayan aumentado tan escandalosamente y que esté afectando a tantos sectores de la población.

Pero en vez de reconocer las responsabilidades que tienen en esta situación, prefieren echarnos arena en los ojos con imágenes de Grecia, Cuba o Venezuela , mostrando colas de personas para conseguir alimentos y que luego resultan que han sido manipuladas maliciosamente, tratándose de colas de ciudadanos españoles para poder sobrevivir un día más en las calles. Acusan a estos países de no respetar los Derechos Humanos con toda la poca vergüenza que les caracteriza, como si no fuese un Derecho Humano poder tener Pan, Trabajo y Techo en un país que supuestamente está altamente desarrollado. Donde hay dinero para sueldos astronómicos con sus correspondientes dietas para políticos que no cumplen con su cometido de procurar el bienestar a los ciudadanos, pero no lo hay para erradicar las causas que provocan que la gente termine viviendo en las calles. Y como al perder el domicilio fijo también se pierde el derecho a voto, pues han perdido además de sus casas también la posibilidad de hacerse oír.

Autora: Ani García Pérez

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