80 años de la masacre de Badajoz

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“Quiero dejar Badajoz cueste lo que cueste, lo más rápido posible y prometiéndome a mí mismo que no volveré nunca. Por mucho que me mantenga en la vida periodística, jamás se me presentará acontecimiento tan impresionante como el que me ha traído a estas tierras ardientes de España y que ha logrado destemplar completamente mis nervios”.
Mario Neves, periodista portugués que estuvo en Badajoz durante la masacre de los sublevados.

Badajoz era el último bastión republicano en Extremadura en agosto de 1936, tras la caída de Mérida días antes en manos de los sublevados. La ocupación de Badajoz formó parte del avance desde Andalucía del ejército sublevado hacia el norte de la península. Su asalto era vital para ellos, pues significaba la unión del ejército del sur con el del general Mola que dominaba el norte.

El asedio fue llevado a cabo por 2.250 legionarios, 750 regulares marroquíes, y cinco baterías de artillería, al mando del entonces teniente coronel Juan Yagüe. El ataque final se produjo la tarde del 14 de agosto, tras bombardear la ciudad por tierra (a través de la artillería) y aire (mediante bombarderos trimotor, probablemente Savoia-Marchetti S.M.81 italianos) durante la mayor parte del día. El recinto amurallado era defendido por unos 3.000 milicianos republicanos y 500 soldados, al mando del coronel Ildefonso Puigdendolas. Tras abrir una brecha en las murallas por el este, junto a la Puerta de la Trinidad, y lograr el acceso también a la alcazaba, por la Puerta de Carros, se produjo una encarnizada lucha cuerpo a cuerpo, y la ciudad cayó en manos del ejército sublevado.
Tras la toma de Badajoz, los militares sublevados no tuvieron piedad. Querían vengarse de los asesinatos de terratenientes y curas en pueblos de Extremadura por parte de los campesinos, hartos del poderío de los caciques y de las promesas no cumplidas de reforma agraria.

La brutal masacre.

Durante toda la jornada, se produjeron asesinatos por las calles de la ciudad, incluso de niños, a cargo de soldados moros. El mismo día 14, Yagüe ordenó el confinamiento de todos los prisioneros -la mayoría civiles- en la plaza de toros. Según diversas crónicas, se instalaron focos en los tendidos para iluminar la arena, y esa noche, comenzaron las ejecuciones indiscriminadas y sin juicios previos.

Según artículos publicados por los corresponsales de Le Populaire, Journal de Genève, Le Figaro, Paris-Soir, Diário de Lisboa y Chicago Tribune se produjeron ejecuciones en masa, y las calles aparecían sembradas de cadáveres. Durante la primera jornada existen testimonios de que hubo mil fusilados. El periodista norteamericano Jay Allen, en su crónica para el Chicago Tribune habló de 1800 víctimas (hombres y mujeres) sólo la primera noche.

El método para las ejecuciones fue el fusilamiento o ametrallamiento indiscriminado en grupo de personas participantes en la defensa de la ciudad o sospechosas de simpatizar con la República. Fueron llevadas a cabo por los legionarios y regulares moros procedentes del norte de África, fuerzas de la Guardia Civil y mandos locales de Falange Española (sobre este punto hay diversas versiones que apuntan que los regulares moros no participaron en la represión, pues partieron inmediatamente al frente). Posteriormente, la mayoría de los cuerpos fueron quemados junto a las tapias del Cementerio de San Juan.24 Según testimonios de algunos supervivientes, los fusilamientos se producían en grupos de 20, y luego se trasladaban los cadáveres en camiones al antiguo cementerio, donde eran incinerados y posteriormente depositados en fosas comunes.

En cuanto al número final de asesinados hay diversas cifras y polémica. el periodista norteamericano Jay Allen dijo que hubo 4000 ejecuciones, César M. Lorenzo aproximadamente 1500, Manuel Tuñón de Lara 1200 antes del 15 de agosto, Ricardo Sanz más de 3000 y James Cleugh 2000. El siempre polemista y pseudohistoriador Pío Moa da cifras de 500 y 1500 ejecuciones. El historiador Javier Tussell desmiente a Moa y da unas cifras de 4.000 asesinados. Uno de los estudios más exhaustivos y documentados sobre la matanza es el realizado por el historiador Francisco Espinosa, quien, en su libro La columna de la muerte (2003), documenta 1389 ejecuciones, pero constata que las personas asesinadas podrían ser más de 3800. La Asociación para la Recuperación de la Memoria

Histórica da cifras de entre 4.500 y 9.000 ejecutados.
Lo que esta claro que la matanza de Badajoz fue una de las más sanguinarias de la Guerra Civil. Y tuvo gran repercusión internacional. Ante esta repercusión y criticas a los sublevados, Yagüe y Franco respondieron de forma contundente:
Yagüe: Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?.

Allen: “¿Durante cuánto tiempo se prolongará la situación ahora que el golpe ha fracasado?”
Franco: “No puede haber ningún acuerdo, ninguna tregua. Salvaré a España del marxismo a cualquier precio”
Allen: “¿Significa eso que tendrá que fusilar a media España?”
Franco: “He dicho a cualquier precio”

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