La Ciencia También Está en las Cunetas

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Cabría preguntarse por qué en España los jóvenes científicos tienen grandes dificultades para encontrar trabajo en su país y se ven abocados a exiliarse a otros países para trabajar en su especialidad. Siempre desde los grandes medios se escucha como España está a la cabeza de todo, casi se podría decir que vivimos en una nube en la que estamos en el “top 10” con las demás naciones, pero se nos olvida que la ciencia, con sus excepciones, es nuestro talón de Aquiles donde sin duda alguna la represión y la censura franquista tuvo un papel fundamental en la destrucción de la misma. Sin embargo, esto no es algo nuevo.

Si nos remontamos años atrás, con la Caída del Imperio Romano se arrasó también parte de su cultura, puesto que las culturas entre el pueblo conquistado y el pueblo conquistador se solapaban y prevalecía la segunda. Incluso podríamos ir aún más atrás, cuando cayó Egipto a mano de los romanos, los avances realizados hasta el momento se difuminaron hasta tal punto, que a día de hoy sigue siendo un misterio gran parte de la cultura y la arquitectura egipcia para historiadores y científicos. Al final Roma hizo de Egipto uno de los lugares más ricos del planeta a costa de cargarse su esencia, ¿Nos suena esto de algo, verdad?

Después del golpe de Estado de 1936, ¿qué mejor manera de romper con la República que imponer la religión en todo el país como dogma indiscutible? Hasta aquella fecha, España vivía un gran momento en lo que a la ciencia se refiere, donde la JAE (Junta para Ampliación de Estudios) se encargaba de los gastos de los mejores científicos españoles para aprender en universidades de gran prestigio internacional. Incluso en 1933 Albert Einstein acabó dirigiendo una cátedra extraordinaria en la Universidad Central de Madrid, renunciando a sus empleos en Berlín con un Hitler que acababa de alcanzar el poder.

Por orden directa de franco se disolvió la JAE y se creó otra institución amparada por “los auspicios de la Inmaculada Concepción de María”. Todo esto implicaba algo que seguramente hoy podría pasar por una noticia de actualidad, se eliminaban las becas de formación para los científicos en el extranjero y por ende también se eliminaba la financiación para ponencias de científicos procedente del extranjero. Empezó a extenderse la llamada censura religiosa, en las universidades empezaron a crearse “comités de purga” donde se identificaba a aquellos catedráticos cuya ideología no era afín al régimen.

La recristianización de la sociedad produjo que las universidades se vaciaran, 20 catedráticos murieron asesinados, 150 expulsados de su trabajo y 195 consiguieron exiliarse. Los textos de Darwin se prohibieron para no meter a la población ideas “raras” que contradecían a la propia religión. Además la manipulación también llego a la misma televisión pública, quizá el principio de una mala costumbre que parece que se extiende hasta nuestros días, donde al mismo Félix Rodríguez de la Fuente se le impedía hablar de “evolución”, lo cual se convierte paradójicamente en una involución.

Mientras los científicos españoles exiliados contribuían al avance de la ciencia en otros países, España se quedó atrás, dejando tras de sí un país con carencias de conocimiento en todos los aspectos en la que hoy en día todavía quedan resquicios.

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Autor: Óscar de Dios

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