Programa final de temporada de Recuperando Memoria Recuperando Memoria T2-17 #RmCasadelaMemoriaSauceda

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Recuperando Memoria T2-17 #RmCasadelaMemoriaSauceda

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Hoy emitimos un programa muy especial como final de temporada. Un programa para el que nos hemos trasladado hasta Jimena de la Frontera (Cádiz) para grabarlo en la Casa de la Memoria de la Sauceda, una casa que se ha convertido en referente para la recuperación de la Memoria Histórica no sólo en Andalucía, sino a nivel de todo el Estado. Y que desde Recuperando Memoria recomendamos visitar (aquí la puedes ver: http://www.foroporlamemoria.net/casa-de-la-memoria.html)

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Nos dejó Josefina Samper, una luchadora por encima de toda.

Josefina Samper Rojas nace en 1927 en un pueblo de Almería, pero las precariedad económica de su familia les obligó a emigrar a Orán, dónde llegó con 4 años. Desde la temprana edad de 12 años ya militaba en las Juventudes Socialistas Unificadas y es en esa época dónde ve llegar a los refugiados políticos republicanos que huían de la España fascista. A los 14 se afilió al Partido Comunista de España. Muy pronto despertó en ella el sentimiento de la lucha de clases. Y tuvo muy claro al lado de quién quería estar.

Dentro de su militancia, participaba en la distribución de la publicación clandestina “España Popular”. Su ingenio la llevó a crear un grupo con los niños del barrio, que eran los que daban el aviso de la llegada de la policía buscando a los republicanos escondidos, paseando por las calles haciendo ruido con latas como si estuviesen tocando tambores. Era la señal para esconderse en lo más profundo.

Debido a la pobreza en la que vivían muchas familias emigradas, creo una especie de cooperativa que fabricaba zapatillas para ayudar a la economía del hogar. Josefina conseguía la rafia para su fabricación y los beneficios eran repartidos en función del trabajo realizado. Ella, al tener que abastecer el material, era la que menos podía sacar adelante y por consiguiente, la que menos beneficio obtenía, pero eso nunca le importó.

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Y a partir de ahí, y sin descanso, su lucha por los derechos de la clase trabajadora ha sido imparable. Su arrojo le llevó en plena dictadura, en 1965, a crear el Movimiento Democrático de Mujeres (por muchos considerado la raíz del movimiento feminista moderno en España) y que en aquella época centraba todos sus esfuerzos y actividades en la ayuda a los presos políticos y la mejora de sus condiciones de vida en las cárceles. No olvidemos que aunque la Guerra Civil había terminado en 1939, el franquismo “premiaba” la oposición política con penas de cárcel, torturas y aún con ejecuciones.

La camarada Josefina siempre fue un ejemplo de lucha y de resistencia para quienes entraban en su círculo de amistades o se acercaban a ella para pedir ayuda. Su fortaleza era la que sacaba adelante a muchas mujeres a las puertas de las cárceles en días de visita. “Aquí de llantos nada. Aquí sólo cantos. Y haciendo palmas.” Estas eran sus palabras para quienes se acercaban a la cárcel para visitar a sus maridos. Y es que para ella lo que importaba era transmitirles ánimos y tranquilidad con respecto a los que estaban fuera y no aportarles más quebraderos de cabeza. Porque la lucha para ella no era solamente contra los que oprimían, sino también en mantener el ánimo de quienes se vieron privados de libertad para mantener viva la lucha.

De esta forma llegó a encabezar una huelga para conseguir las tan necesarias mejoras en las cárceles y las condiciones de comunicación con los presos.

Como muchas mujeres en este país, su lucha pasó casi desapercibida durante muchos años. Y es que hoy, día en el que nos ha dejado y dando un repaso por la prensa nacional, todos los titulares anunciaban “Fallece Josefina Samper, mujer de Marcelino Camacho, el histórico sindicalista de CCOO.”

Pero Josefina Samper fue más que la “mujer de…” Su vida así lo demuestra. Es verdad que casó con Marcelino Camacho en 1948, 4 años después de conocerse en Orán, cuando le acogieron, fugado de un campo de concentración junto a otros dos presos.  Es verdad que la militancia de Marcelino, las entradas y salidas de éste de la cárcel marcaron su vida. Pero no es menos verdad que Josefina mantuvo su propia lucha, por desgracia, siempre a la sombra de tan famoso personaje. Mucho antes de que él entrase en su vida, ella ya tenía muy claro por dónde iban los caminos que marcarían su trayectoria. Al igual que tenía muy claro que no se casaría con ningún hombre que no compartiese sus ideas.

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Una vez más, la historia eclipsa a una gran mujer a la sombra de un hombre. Lo mismo se repite entre los que se consideran de “izquierdas” al igual que entre las clases más conservadoras. Pero había que preguntarse si Marcelino Camacho hubiese sido el mismo gran sindicalista, luchador y republicano si no hubiese tenido a su lado a una mujer como Josefina. Siempre luchando a su lado, siempre sin reclamar protagonismo, compartiendo su destino, soportando sus largas estancias en prisión, viviendo la incertidumbre si solamente estaría preso o si algún día recibiría la noticia de su muerte “en circunstancias no muy claras”. Y siempre manteniendo viva su memoria desde que falleció en 2010. Siempre él, nunca ella.

Motivo suficiente para reivindicar desde aquí la memoria de Josefina Samper, luchadora, comunista, inteligente, coherente, histórica sindicalista y defensora de los derechos de los trabajadores desde que tuvo un mínimo de uso de razón hasta su muerte a los 90 años en Madrid, el 13 de enero de 2018. Si, compañera de Marcelino Camacho, pero ante todo, ella.

Compañera, que la tierra te sea leve. Seguirás siendo un  ejemplo de lucha,  honestidad y coherencia en vivir tu vida acorde a tus ideas.

(Pasajes de su vida extraídos de MUNDO OBRERO “Entrevista a Josefina Samper” – Publicado en el Nº 231 de la edición impresa de diciembre 2010)

Autora: Ani García Pérez

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Poco que celebrar este 30 de enero

Cada 30 de enero se celebra el Día Mundial de la Paz y la no-violencia en los centros escolares. Una buena iniciativa, ya que hay que educar desde la infancia en los valores la tolerancia, la solidaridad, la concordia, el respeto a los Derechos Humanos, la no-violencia y la paz para evitar que cuando esos niños sean adultos vayan por la vida atropellando (en sentido figurado) a sus semejantes.

Pero también cada vez me asombra y decepciona más la capacidad del ser humano para inventarse nuevas formas de violencia que no sea la de la ejercida con los puños o las armas.

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Pero  también cada 30 de enero, en este país se celebra como algo excepcional el nacimiento del que hoy es el rey de todas las españolas y todos los españoles, sin excepción. Sean monárquicos o no. Una coincidencia que me resulta por lo menos, chocante.

La pregunta que surge en este punto podría ser ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Y la respuesta es que me resulta, de nuevo, chocante que este año haya sido precisamente este día el elegido para que el monarca, y para celebrar su cumpleaños, haya decidido imponer el toisón de oro a su primogénita y heredera del trono (esperemos que no tengamos que vivir ese día). Una orden de caballería que data del 1429 y que fue fundada por Felipe III de Borgoña y muy ligada a la dinastía de los Habsburgo y a las coronas de Austria y España. Distinción que se otorga desde tiempos inmemoriales al heredero o heredera de la corona.  Hasta aquí la parte histórica.

Lo absurdo de la situación es que se está dando en 2018, en pleno siglo XXI. Y mientras cientos, miles de niñas y niños hoy acuden a los centros escolares a celebrar la Paz y la no-violencia, Leonor, en vez de vestir camiseta blanca, hacer palomas de la Paz o formar el símbolo de la Paz en medio del patio con todos los demás alumnos, bebiendo ansiosamente los mensajes de tolerancia, solidaridad, concordia y respeto a los Derechos Humanos (parezco el rey impuesto en uno de sus discursos de Navidad), recibe un mensaje de mano de su padre que no le transmite otra cosa que la superioridad que se le presupone por haber nacido en cuna privilegiada.

Porque mientras los demás niños adquieren valores necesarios para una convivencia normalizada, Leonor recibe la distinción que la perpetúa en su regia especie. Acompañando a su padre en su cumpleaños, junto a su madre, hermana y abuelos reales, en el Salón de las Columnas del Palacio Real, rodeados de 80 invitados “ilustres y de rancio abolengo”. No son unos invitados cualquiera: el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, el presidente del Senado, Pío García Escudero, el presidente del Tribunal Constitucional, Juan José González Rivas y el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis y el ministro de Justicia, Rafael Catalá. Amén de otros distinguidos anteriormente con el toisón de oro, entre ellos, Javier Solana. Aprende a rodearte de quienes reparten el bacalao, Leonor.

Pues a esto le llamo yo violencia. Sí, porque la violencia no se ejerce solamente a golpes, se ejerce cuando se crea esa marcada línea de privilegios que determinan la vida de las personas simplemente por haber nacido en una familia o en otra. En una clase social o en otra. En una parte del mundo o en otra.

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Violencia son las decisiones que se toman desde los poderes políticos, haciendo primar los intereses de partido, los beneficios políticos y los de sus mecenas por encima del bienestar de la población.

Para explicarlo en pocas palabras, echaré mano de la siempre acertada elocuencia del profesor y catedrático en antropología de la Universidad de Sevilla, Isidoro Moreno, que intentaba de esta forma explicar a sus nietas, con camisetas blancas, el verdadero significado de la Paz: Yo les he intentado explicar que no hay Paz sin Justicia. Que la violencia no es sólo aquello que llaman violencia en los telediarios, que es violencia las condiciones de los empleos basura, que es violencia que el 1% de la humanidad posea más del 80% de las riquezas del planeta, que la discriminación salarial y social de las mujeres es violencia y no sólo el maltrato físico. Que son violentas las políticas sobre inmigración y refugiados y no solamente las bombas de las que huyen. Que es apología de la violencia la exaltación de la competitividad. Y, desde luego, que si queremos la Paz, el camino no es prepararnos para la guerra sino luchar por una sociedad sin desigualdades estructurales (de clase, de género y étnicas) donde sean respetadas las diferencias y garantizado el derecho a decidir libremente, el ejercicio de la soberanía, tanto a nivel individual como colectivo.”

Y precisamente en este último punto de las reflexiones del profesor me gustaría hacer hincapié. El ejercicio de la soberanía. Quizás para el próximo año, el ciudadano Felipe quiera celebrar su 51 cumpleaños también de una forma especial: abdicando y dejando paso a una República, más acorde con los tiempos en que vivimos. Dando ejemplo a sus hijas y facilitando el camino hacia la Paz social. Porque no puede haber Paz social si hay precariedad, hambre, desigualdades, injusticias, privilegios otorgados, saqueos de los bienes públicos, menosprecio de los derechos de las ciudadanas y ciudadanos (aún somos súbditos), violación de las leyes, manipulación de la opinión pública a través de los medios de comunicación, menosprecio de las víctimas del franquismo…

Me gusta celebrar el Día Mundial de la Paz y de la no-violencia. No me gusta tener que seguir asistiendo de forma obligada a cumpleaños de reyes o reinas.

Autora: Ani García Pérez

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Gerda Taro. La fotoreportera de la Guerra Civil

“Cuando piensas en toda esa gente que conocimos y ha muerto en esa ofensiva [Guerra Civil española], tienes el sentimiento de que estar vivo es algo desleal”
(Gerda Taro, unos días antes de morir)

Estas quizás son las últimas palabras recogidas de la que durante mucho tiempo fue conocida por ser la compañera del mítico fotógrafo Robert Capa. Sin embargo, aquella pequeña rubia, independiente (libre de cuerpo y de mente); valiente, decidida, con ganas de vivir; se convirtió en la primera mujer fotorreportera de guerra de la historia.

 

Sobre Gerda se ha escrito mucho y su persona sigue levantando pasiones 80 años después de su muerte.
Y es el caso que hoy nos ocupa, la aparición a través de las redes sociales de una fotografía que pretende ser la última de esta extraordinaria mujer.

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La fotografía corresponde a un joven médico húngaro, John Kiszely, que fue miembro de las Brigadas Internacionales en compañía de una joven paciente y que ha sido difundida por su hijo. Rápidamente, los internautas españoles han encendido la red con muestras de agradecimiento y de cariño por aquellos que un día dejaron sus hogares, sus países, y vinieron a luchar con nosotros contra el fascismo. Sin embargo, todo se ha precipitado cuando alguien ha sugerido que esa joven paciente podría ser Taro.
Contrastando la información de la que disponemos (que es abundante), con la información que ha proporcionado el propio Kiszley( hijo), es bastante improbable que sea ella.

 

Gerda Taro, cuyo verdadero nombre era Gerda Pohorylle, nació en Alemania en 1910. Judía de origen polaco se educa en ambientes obreros y socialistas muy influenciada por sus padres. Con el ascenso de Hitler en Alemania, perseguida por sus ideas comunistas, huye a París donde se refugia. Allí conocerá al fotógrafo André Friedman que le enseñará todo los secretos de la fotografía, comenzando una relación sentimental y profesional.

 

En 1936 Gerda y André se trasladan a cubrir la Guerra Civil española bajo los nombres de Gerda Taro (en honor de Greta Garbo) y Robert Capa (en honor de Frank Capra y Robert Taylor). Debido a las dificultades para vender sus trabajos habían cambiado sus identidades haciéndose pasar por una pareja de reporteros norteamericanos, combinando sus nombres con los más famosos personajes del Hollywood de la época.
Durante los primeros meses de guerra estuvieron publicando para prestigiosos medios internacionales (Regards, Vu, LIFE), cubriendo diferentes escenarios, juntos o por separado: Madrid, Barcelona, Córdoba, Guadalajara… A finales del 36, mientras Capa filmaba con una cámara, Taro hacía fotografías. Todo iba firmado con el nombre de Capa, lo cual hizo que Robert adquiriera gran fama como corresponsal de guerra.
Esta situación cambia en 1937 cuando Gerda empieza a desligarse de él y a vender sus propias fotografías. Aquella chica independiente, valiente, audaz y decidida se acercaba a primera línea para captar la terrible realidad poniendo en riesgo su vida. Rápidamente sus fotos, mucho más crudas y duras que las de Capa, captan el interés de revistas como Ce Soir e incluso Regards.
De fuertes ideas izquierdistas y con una clara posición antifascista, Gerda intenta transmitir y divulgar la verdad al mundo. Su objetivo siempre plasmaba la realidad que vivían las mujeres, los niños, los ancianos, … aquellas víctimas inocentes; con una visión más humana y feminista de todos los acontecimientos.

 

Tampoco faltaron esas fotografías de los escenarios más cruentos de la Guerra Civil. Fue precisamente en uno de esos escenarios donde la jovencísima fotorreportera encontraría la muerte a sus 27 años.

 

El 25 de julio de 1937 en los campos entre Brunete y Villanueva de la Cañada (Madrid), la Legión Cóndor lanzaba todo el hierro del que disponían, ametrallando todo lo que se movía.
El ejército republicano había perdido toda la esperanza de ganar esta batalla. Todos iban replegándose, huyendo de aquella carnicería ante el avance de las tropas de Franco. La carretera de Villanueva estaba plagada de coches, ambulancias, camiones, artillería, tropas, tanques… El ruido era ensordecedor y el miedo era libre. Gerda, junto a su compañero Ted Allen, intenta ponerse a salvo después de que el General Walter se lo pidiera. Habían estado toda la mañana sacando fotos y filmando. Lo último, un ataque aéreo en el que Gerda, cámara en mano, había filmado saliendo de la trinchera que la protegía. A lo lejos ven un Chevrolet negro propiedad del general Walter. Aquel vehículo estaba repleto de heridos. El joven conductor checo accede a llevarles a regañadientes.

 
Mientras un grupo de tanques T-26 intentaban huir hacia la carretera de Villanueva de los Junkers 52 y los Henkel 111 alemanes. Estos mastodónticos tanques eran una presa fácil. Entre el ruido, el calor infernal, la falta de entendimiento con la tripulación del tanque, Aníbal González, el conductor, solo pensaba en salir de aquel infierno. En ese momento el Chevrolet y el tanque se encuentran. El conductor del vehículo da un volantazo y Gerda sale despedida. El tanque pasa por encima de ella. Está en estado grave.

 
Rápidamente es trasladada al hospital de El Escorial o al militar de El Goloso. Lo único que pueden hacer por ella es evitar que sufra. Muere en la madrugada del 26 de julio.

 
Alberti y María Teresa León llevan su cuerpo a Madrid. Después lo trasladaron a París. Fue inhumada en el cementerio Père Lachaise de París.

 
La historia de Taro, la pequeña rubia, fue silenciada durante demasiado tiempo. No es hasta 1994 cuando una alemana, Irme Schaber, publica Gerda Taro. Una fotógrafa revolucionaria en la guerra de España. A partir de ese momento su trabajo y su figura empezaron a ser reconocidas.

 
En 2004 aparecen por sorpresa en México, guardados en una maleta, 4.500 negativos atribuidos a Capa, David Seymur y Taro. Una vez analizadas ponen en valor la figura de Taro como la primera mujer fotoperiodista de guerra.

 
Con sus fotografías hemos podido conocer la realidad de nuestra Guerra Civil desde su punto de vista más cruel y, a la vez, más humano y femenino.

 
Aquella luchadora, coqueta e independiente, cuyo valor fue reconocido por todos con los que compartió momentos de lucha y de esperanza, merece nuestro recuerdo, admiración y gratitud.

 
Autora: Nanny García Gómez

 

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Salvar el campo de concentración de Septfonds

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Si bien el 1 de abril está considerada como la fecha oficial que ponía término a la guerra civil española, con la caída de la resistencia en Madrid como resultado del golpe dentro de la República del coronel Segismundo Casado, sería en los meses de enero y febrero con la inminente caída de Cataluña cuando la tragedia social de los republicanos se transformaba en un agónico exilio hacia Francia a través de los Pirineos. Hacia marzo de 1939 se calcula que más de 400.000 civiles y soldados habían cruzado la frontera francesa en busca de un refugio seguro que les protegiera del régimen fascista. Sin embargo, como es sabido las condiciones en que fueron acogidos en el país vecino dejaron mucho que desear cuando fueron hacinados en distintos campos de refugiados en condiciones de salubridad más que deplorables. Mucho peor fue con la invasión de la Alemania nazi y el sur del país pasó a ser parte de la conocida Francia de Vichy. Miles de estos refugiados fueron asesinados en los campos de exterminio a medida fueron detenidos. De los campos franceses de refugiados o de concentración tal vez el más conocido sea el de Argelès-sur-Mer, en la costa mediterránea francesa. En cuestión de memoria histórica, reconocimiento y reivindicación de la lucha antifascista, Francia puede darnos sobradas lecciones como puede comprobar cualquiera lector que visite los lugares emblemáticos como Normandía o París por poner un ejemplo. Del mismo modo es de agradecer el reconocimiento que Francia hacia los republicanos españoles que lucharon en la II guerra mundial y en la liberación de París o se unieron a la resistencia.

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En octubre de 2015 el primer ministro francés, Manuel Valls, durante la inauguración de un monumento en Rivalsetes donde se ubicaba un campo de concentración, reconoció el trato inhumano recibido por los refugiados republicanos exiliados. Otro acto oficial que debe ser aceptado como una disculpa oficial por parte de Francia.

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Por todas estas circunstancias resulta especialmente indignante los motivos que han provocado una iniciativa en Change.org para tratar de impedir que otro importante lugar de memoria histórica se vea en peligro. Nos referimos al campo de Septfonds, al norte de Montauban. Un campo que llegó a albergar a unos 15.000 republicanos en su mayoría valencianos y catalanes donde algunos fallecieron por las penosas condiciones sanitarias y otros muchos serían asesinados meses después en otros campos de exterminio como Mathausen.

A continuación facilitamos el texto traducido del francés que puede leerse en dicha iniciativa así como el enlace para suscribirse y apoyarla.

IMPEDIR LA AMPLIACIÓN DE UNA POCILGA EN EL LUGAR DEL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE SEPTFONDS

 
Señor Presidente de la República:

Solicitamos que intervenga para impedir que se cometa un crimen contra la Memoria
Histórica en un Lugar Histórico de Tarn-et-Garonne: el Lugar en el que se encontraba el
campo de concentración de Septfonds (Tarn-et-Garonne, Judes) puede estar mancillado por la ampliación de una ganadería porcina familiar que prevé criar de aquí en adelante 6500 animales al año. En este terreno, requisado en marzo de 1939 para convertirlo en campo de concentración han sido encerradas aproximadamente 30.000 personas, en condiciones infrahumanas y sin juicio; el 90% eran soldados del Ejército republicano español, otros eran soldados del ejército polaco y otros eran civiles judíos. Muchos de los “internados” murieron en ese campo de concentración sin que sepamos todavía hoy en día donde fueron sepultados.
81 personas están enterradas en el Cementerio de los Españoles restaurado desde 1978.
Un Monumento conmemorativo fue erigido en 1996. Ha sido inscrito en la lista complementaria de los Monumentos y de los Lugares históricos del Patrimonio nacional en septiembre de 2011 gracias al tesón de las asociaciones que han creado el CIIMER (Centro de Investigación y de Interpretación de la Memoria de la España Republicana) cuya sede se encuentra en la estación de Borredon (Montalzat) donde traían a los soldados y civiles que recluían en el campo de concentración. Esta estación y el cementerio de los Españoles han sido simultáneamente inscritos en el Patrimonio.
La presencia de miles de cerdos, el hedor que conllevará, el esparcimiento del estiércol previsto en las comunas de Septfonds y de Montalzat, entre otras, mancillaría ante los visitantes de Francia, de España y de toda Europa, la memoria de los difuntos. Los excrementos porcinos son incompatibles con el obligado respeto hacia los que han sufrido en estos lugares. Permitir la realización de este proyecto sería contradictorio respecto a las decisiones que fueron tomadas detenidamente, anteriormente, por el Estado por las que se han inscrito el Monumento conmemorativo y el Cementerio de los Españoles así como la Estación de Borredon en la lista del Patrimonio. Sería una ofensa hacia los cuerpos que yacen todavía en estas tierras en las que se quiere proceder al esparcimiento.

 
Señor Presidente de la República, por esos motivos, para volver al sendero de la dignidad, le pedimos que intervenga para impedir la puesta en marcha de este proyecto.

Autor: Jordi Pedrosa

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Los asesinatos de Atocha – 41 años de una infamia cobarde

24 de enero. Un año más recordando e intentando mantener vivo aquel sentimiento de solidaridad que unió miles de corazones por un hecho abominable y cobarde. La matanza de los abogados de Atocha. Y van ya 41 años. Porque el tiempo no se para pero tampoco consigue que el olvido devore el sentir de todo un país aquellos fatídicos días entre el 23 y el 26 de enero de 1977. Arturo Ruiz, Marilú Nájera, Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides, Miguel Sarabia, Serafín Holgado, Alejandro Ruiz-Huerta, Ángel Rodríguez, Dolores González, Luis Ramos, Javier Sauquillo. Las dos primeras, víctimas de la ultraderecha cuando se encontraban en manifestaciones, de los otros nueve, cinco asesinados y cuatro gravemente heridos en el despacho de abogados laboralistas de
CCOO en la calle Atocha, número 55.

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No pretendo volver a hacer una crónica de lo que ocurrió. Creo que todas y todos tenemos claro cuáles fueron los hechos de la noche del 24 de enero de 1977.

 
Mi intención va más allá del mero recuerdo y merecido homenaje a aquellas personas que con sus vidas pagaron querer defender la Justicia social y la Libertad. En esta ocasión me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre si realmente supimos en aquellos momentos valorar y reaccionar en consecuencia.

 
Todos sabemos que durante el entierro de los nueve asesinados en Atocha, el comportamiento de los asistentes fue ejemplar, que la organización y seguridad corrieron a cargo del aún no legalizado PCE. Un PCE que poco después saldría de la clandestinidad y podía por fin abiertamente entrar en el panorama político. No fue hasta febrero del 77, tras la aprobación de la Ley de Reforma Política que los partidos, hasta ahora exiliados, como PSOE, PCE o PNV, pudieron solicitar la legalización y de esa forma dejar de operar en la clandestinidad.

 
Se daban todas las circunstancias para poder emprender un camino democrático y liberador en el panorama político español. La esperanza de que este país pudiese convertirse en un estado libre, respetando los derechos de la ciudadanía, estaba cada vez más cerca.

 
Los asesinatos de la calle Atocha y la posterior reacción de la gente hacían creer que la impunidad tocaba a su fin, que finalmente tantos años de crímenes sin castigo encontrarían su justa respuesta. Rápidamente los autores materiales del crimen fueron detenidos, enjuiciados y condenados. Aunque también hubo irregularidades que provocaron la fuga de uno de ellos durante un permiso carcelario otorgado por el juez a cargo del caso.

 
Era el momento idóneo para, por fin, pedir responsabilidades a tantos crímenes cometidos durante la dictadura y también durante la transición. Una vez legalizados los partidos tenían el suficiente apoyo y la legalidad para exigir esas responsabilidades, hacer Justicia y que nada ni nadie que había tenido parte en la barbarie cometida entre los años 1936 y 1975, quedase impune.

 
España quería convertirse en un país democrático, aceptado por la comunidad internacional. Era el momento de demostrar, no ya solo al resto del mundo, sino sobre todo a nosotros mismos que éramos merecedores de esa democracia. Pero algo se torció por el camino. Una vez legalizados los partidos, las reuniones a puerta cerrada fueron minando la posibilidad de que basáramos nuestra Democracia sobre la verdad y el reconocimiento de los crímenes cometidos, la condena del franquismo y la redención de las víctimas, injustamente señaladas como criminales y traidores.

 
Se perdió la oportunidad de limpiar las heridas, permitiendo que se mantuviesen abiertas hasta nuestros días, supurando dolor y decepción. Pero también se propició que, hasta nuestros días, el poder absolutista del franquismo perdure y siga guiando la política actual.

 
Tras aquellas puertas cerradas, los recién llegados al panorama político y la vieja guardia del fascismo pactaban cada uno su parcela de poder, olvidando tanta sangre inocente derramada que clamaba justicia. No fue una buena base para la convivencia. Partidos históricamente de izquierdas y perseguidos durante la dictadura, sindicatos que  solamente habían podido operar desde la clandestinidad, ambos con miles de asesinados en sus filas, ahora pactaban acuerdos con los asesinos en vez de exigir su condena. Repito, algo falló por el camino.

 
Tal era así, que precisamente actos como los cometidos en la noche del 24 de enero del 77 en la calle Atocha, demostraban que no se había depurado el mal de entre nosotros. Querían seguir imponiendo un régimen absolutista y asesino, dónde no tenía cabida la defensa de los derechos laborales ni sociales.

 
Y para asegurarse que esto siguiera siendo así, es decir, que nada ni nadie pudiese reclamar la condena de los asesinos, se aprobó en octubre de 1977 la infame Ley de Amnistía, en la cual se garantizaba la impunidad para los verdugos fascistas “nam omne aeternum”.

 
Y no solamente la impunidad, sino también la garantía que pudiesen seguir en el poder, maquillando su apariencia, pero en el fondo, tan fascistas como siempre. Nuestro panorama político de hoy en día es la consecuencia de aquella traición perpetrada por quienes pasearon la confianza de mucha gente por los enfangados suelos de los despachos en el cual se fueron vendiendo, uno a uno.

 
Por ese motivo nunca debemos dejar de recordar las muertes de Enrique, Luis Javier, Francisco Javier, Serafín y Ángel. Porque mientras seamos fieles a su memoria, la esperanza seguirá viva. Se perpetró la traición, pero no consiguieron matar las ansias de Justicia. Las generaciones descendientes de los represaliados seguimos al pie del cañón. Porque la verdad solo tiene un camino: el de la memoria recuperada y la reparación.

 
41 años desde la infamia de los asesinatos, pero también 41 años desde la infamia de la traición a la memoria de las víctimas del franquismo.

 
Porque al igual que los asesinados de Atocha, los que fueron masacrados en la dictadura, los recordaremos siempre como quienes entregaron su vida por creer en un mundo justo e igualitario. O como muy acertadamente digo Paul Eluard: “Si el eco de su voz se debilita, pereceremos”. Nosotros seguiremos siendo su voz. Siempre.

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Autora: Ani García Pérez

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Los antifascistas españoles en los campos de concentración han de ser recordados

Según la ONU, el 27 de enero se celebra el Día Internacional en memoria de las Víctimas del Holocausto. Esta fecha hace referencia al 27 de enero de 1945, cuando se llevó a cabo la liberación por parte de las tropas soviéticas del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau (Polonia). A su vez, la UNESCO, declara que este día ha de ser un “tributo a la memoria de las víctimas del Holocausto y ratifica su compromiso en la lucha contra el antisemitismo, el racismo y toda forma de intolerancia que pueda conducir a actos violentos contra grupos humanos determinados”.
Si bien el noventa por ciento de las víctimas del Holocausto fueron judíos, los campos también fueron ocupados por prisioneros de guerra y personas que por su sexualidad o raza estaban lejos del ideal ario.

Entre esos prisioneros de guerra se encontraban cerca de 10.000 republicanos españoles. Hombres, mujeres y niños que, tras perder la guerra en 1939, protagonizaron un gran éxodo en la frontera norte de la Península. Una gran masa humana que comenzó en 1936 a huir de sus ciudades a medida que las tropas de Franco las tomaban; y que terminaron, en su gran mayoría, refugiándose en Cataluña o Valencia hasta el final de la guerra. Se estima que fueron unas 465.000 personas las que cruzaron la frontera con Francia. La gran mayoría permanecería en los distintos campos de refugiados de Francia o del norte de África; otros fueron acogidos en México, Chile o República Dominicana; mientras que un último grupo (excombatientes y población civil) fue repatriado a España.

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Sin embargo, con la ocupación alemana de una parte importante del territorio francés en 1940, la situación de los campos de refugiados españoles cambió. El Gobierno de Vichy, capitaneado por el colaboracionista Philippe Pétain, les obligó a prestar servicios militares o industriales. Así, muchos españoles se enrolaron en el Regimiento en Marcha de Voluntarios Extranjeros (RMVE) para luchar contra los fascistas. Otros, que se habían unido a la Resistencia francesa, fueron capturados por la policía francesa y la Gestapo alemana. Hay que destacar que los españoles que fueron capturados por el Gobierno Francés o por el Reich alemán, fueron puestos a disposición del caudillo Francisco Franco para su posible repatriación a España. El dictador no hizo sino declarar que esos republicanos que habían sido capturados no eran españoles sino apátridas, por lo que fueron trasladados a los campos de exterminio marcados con un triángulo azul (de apátridas) sobre el que se encontraba una “S” de Spanier (españoles).

Carnet de la FNDRIP de Antonio Terres.

Los españoles que acabaron en los campos de concentración gestionados por las SS nazi al comienzo de la Segunda Guerra Mundial eran llamados “Rotspanienkämpfer” (combatientes de la España Roja). La mayoría acabó en el campo de Mauthausen-Gusen (Austria), donde eran obligados a trabajar en una cantera cercana en condiciones penosas. También hubo españoles en Buchenwald, Dachau y Sachsenhausen (Alemania). Las republicanas españolas (cerca de un centenar) estaban en el campo de mujeres de Ravensbrück (Alemania).

Mapa campos de concentración

Puesto que el grueso de los republicanos fueron trasladados a los campos de concentración nazis al comienzo de la IIGM, los que lograron sobrevivir pasaron cerca de cinco años allí hacinados. No fue hasta el 5 de mayo de 1945 que se liberó el último campo, el de Mauthausen, donde más españoles había.

Según los estudios realizados hasta el momento, fueron 9.398 los españoles deportados, y 5.874 los que allí perdieron la vida. Mientras que Francia y Alemania homenajean todos los años a los republicanos que lucharon contra Hitler y perecieron o sufrieron torturas en los campos, ¿por qué en el Estado Español parece un hecho olvidado, negado y silenciado? ¿Acaso aquellos españoles rojos siguen siendo apátridas a ojos del Estado?
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que inauguró el pasado noviembre la exposición “Auschwitz. No hace mucho, no muy lejos”, y declaró el día en memoria de las Víctimas del Holocausto que su “compromiso con la memoria de las víctimas es total”. Pero olvidó mencionar a los más de 500 ciudadanos madrileños que fueron también víctimas del Holocausto. Podría parecer un olvido “puntual” si no fuese porque coincide, además, con la negación de la presidenta de la Asamblea de Madrid, Paloma Adrados (también del PP) a la propuesta de la ARMH para leer el día 27 de enero el nombre de los vecinos y vecinas de Madrid que sufrieron los horrores de los campos. La presidenta argumentaba su decisión declarando que la lectura de los nombres de las víctimas madrileñas obligaría también a “la lectura de los nombres de los millones de víctimas que padecieron en los campos de exterminio, lo cual resulta imposible”.
¿Una decisión de partido? No cabe duda de que para el Partido Popular rendir homenaje a los republicanos, de Madrid o de cualquier otra ciudad del Estado, supone asumir y declarar muchas cosas. En primer lugar, supone asumir la verdadera responsabilidad de Francisco Franco sobre aquéllas vidas dejadas en manos de las SS. En segundo lugar, exige el reconocimiento de todos aquellos que fueron torturados y asesinados por luchar contra el fascismo. En tercer lugar, conlleva la reparación de la memoria de quienes fueron obligados a exiliarse de su país y terminaron siendo juzgados como criminales políticos y apátridas. Para poder realizar estas tres cosas, el Partido Popular, a nivel estatal, debería de reconocer que el “levantamiento militar” del 1936 fue un golpe de Estado contra una República legítima; que el Régimen de Franco fue una dictadura fascista y que todas sus víctimas han de recibir ese reconocimiento, anulando las sentencias emitidas por los tribunales franquistas que hoy día están amnistiadas (que no anuladas). Pero, ¿cómo va a hacer todo esto un partido que mantiene a Francisco Franco entre honores en el Valle de Cuelgamuros? ¿Cómo va a hacer esto un partido que sólo abraza la causa memorialista para mantener los nombres de los golpistas en las calles, colegios y libros de historia?

Por suerte para todos los defensores de la Memoria Histórica, este mes han aparecido varias noticias que contrastan con el discurso del silencio del PP de Madrid y la desmemoria del Gobierno. El 24 de enero, el Parlamento de Galicia aprobaba el reconocimiento de las casi 10.000 víctimas españolas en los campos de concentración nazis, declarando la responsabilidad de Francisco Franco para su deportación. Además, durante el mes de febrero, la ARMH gallega realizará diversas exposiciones y actos alrededor de los deportados gallegos. Por otro lado, el Ayuntamiento de Madrid, aprobó el 26 de enero, la instalación de un monumento a los republicanos madrileños que fueron deportados. De igual forma, el Ayuntamiento de Guadalajara aceptó el compromiso para reconocer y homenajear a los doce guadalajareños deportados a Mauthausen.

La pancarta que coronaba la entrada del campo de Mauthausen a su liberación, donde estuvieron cerca de 7.000 españoles, decía “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”. Aquellos españoles, y los que estaban en los demás campos, que pasaron cerca de cinco años olvidados por su país y sometidos a humillaciones y violencia, han de ser recordados como los héroes antifascistas que fueron: aquéllos que lucharon contra Franco, aquéllos que lucharon contra Hitler y Mussolini; los que liberaron París, los que defendieron los valores republicanos.

Pancarta Mauthausen

Autora: Saray Almazán

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Los mundo fantásticos de Celia

Cuando en los largometrajes o en series de televisión leemos el anuncio de “todo parecido con la realidad es pura coincidencia” sabemos que se refieren a que el argumento, personajes y hechos son pura ficción. Pues precisamente esta frase es la que a partir de ahora le podemos aplicar a los políticos del PP. Y si no a todas o todos, con toda seguridad si es aplicable a Celia Villalobos.

La ya ex vicepresidenta del Congreso de los Diputados y que ahora ocupa una de las más alejadas gradas de la bancada azul (¿será por eso que no se entera de nada?), no para de soltar tales incongruencias y desatinos que no estamos ya muy seguros si “todo parecido con la realidad es pura coincidencia”.

Lo último lo ha soltado en una entrevista en Desayunos de TVE, asegurando que la edad de jubilación debería incluso llegar a los 80 años y que a ella no le importaría jubilarse a esa edad.

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